En cualquier punto de los alrededores del Mar Menor en el que nos situemos todo el mundo mira con preocupación a sus aguas: el deterioro de la zona sufrido en los últimos años ha ido a peor y muchas de sus playas se parecen algunos días más una charca verde que a la idílica laguna salada cálida que ha sido durante años.

Lo malo es que la llamada eutrofización (contaminación de las aguas por exceso de nutrientes procedentes de actividades humanas) del Mar Menor por los vertidos descontrolados de la agricultura va más allá de lo puramente medioambiental y está causando un impacto en la actividad económica. Lo peor, que cuando sus gentes dejan de mirar a su laguna para clavar sus ojos en los responsables públicos ven cómo, año tras año, sus esperanzas de mejora se ahogan en la constante trifulca política que no aporta soluciones.

Así que, cuando nos acercamos a escuchar a la gente que come gracias a la mayor albufera española, enseguida sale a flote la indignación y el desánimo. De la misma forma que la semana pasada flotaron 250 peces muertos en la zona de Santiago de la Ribera, lo que volvió a disparar las alarmas sobre el estado de la laguna justo cuando arranca la temporada de las reservas para el verano.

Un episodio que pudo no ser extremadamente grave en lo ecológico -al día siguiente las aguas recobraron niveles "aceptables" de oxígeno, según el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA)- , pero que causó un daño colateral en el turismo náutico, tan importante en la zona.

Así nos lo cuenta Dionisio García, responsable de Estación Náutica Mar Menor, una asociación empresarial para la promoción de actividades como los cursos de vela, buceo o la práctica del piragüismo. El mismo que, en mitad de la conversación telefónica, recibe un mensaje: Hemos tenido un problema y vamos a tener que cancelar, lo sentimos muchísimo.

Una foto de una playa en mal estado hace que la gente se piense mucho venir a la zona"

Se trataba de un grupo escolar que iba a practicar vela justo en la otra punta del Mar Menor, pero García lo relaciona inevitablemente con la situación que vive la laguna: "Una portada de un periódico, un reportaje en televisión o una foto de redes sociales de una playa en mal estado hace que la gente se piense mucho el venir a la zona", explica.

Una crisis de imagen, dice, que en este caso afecta sin motivo a sus actividades, pues asegura que las aguas son aptas para el baño según los análisis que se hacen a diario: "Para nosotros lo primero es la salud, no meteríamos a nadie a hacer actividades si hubiera algún problema".

El mismo mensaje transmite Ignacio Guillén, que también gestiona actividades náuticas, y que asegura que se ven afectados a pesar de que las aguas son aptas para el baño: "Estamos teniendo muchas cancelaciones".

Algas en San Javier en abril de 2022

Quien sí se encuentra próxima la zona de ese suceso de los peces es la escuela de vela Socaire. José Antonio, que trabaja en ese sector desde hace 30 años, nos explica que no han sufrido cancelaciones porque es ahora cuando empiezan a llegar las reservas veraniegas, si bien admite con preocupación cómo ha empeorado la laguna en los últimos años, que provoca que todo el mundo pregunte "cómo está el tema" cuando llaman interesados en alguna actividad.

Más allá de esta cancelación en concreto, García sí retrata una situación de parálisis del mercado, y lamenta que lo más preocupante es que "el teléfono ha dejado de sonar" en una época en la que ya deberían comenzar a cerrarse reservas para el verano. Especialmente este verano, cuando se prevé que sea buena temporada con las ganas de salir que hay tras la pandemia. Pero este empresario presiente que, lejos de mejorar, la situación va a ir a peor, pues los responsables políticos "no son capaces de poner solución a un problema que lleva mucho tiempo", piensa.

Una inacción que tiene "muy encabronada a la gente", añade, en referencia al sentimiento que comparten el resto de los empresarios dedicados a las actividades náuticas en la zona.

El peor año pesquero de la Historia

Aunque la zona más afectada es la mitad suroeste del Mar Menor, donde hay más presencia de esa 'sopa verde', la fauna no escapa bien en ningún punto de la laguna. Y en consecuencia la pesca, que está viviendo el "peor momento de la Historia del Mar Menor", según explica José Blaya, presidente de la cofradía de pesadores San Pedro del Pinatar. Con la temporada del langostino un 60% menor que la del año pasado, lo paradójico es que los pescadores estén cobrando más por recoger la ova, esa alga verde flotante que vemos en las imágenes, que por pescar.

Los pescadores vive con resignación esperando que una solución que en cualquier caso no llegará a corto plazo, y mientras tanto "hay muchos que no llevan nada a su casa", apunta Blaya, justo en esta época en la que, además, el precio de los carburantes están por las nubes.

El sector inmobiliario

Otro sector afectado por el estado de la laguna es el inmobiliario. De nuevo, el problema está muy focalizado allí donde se acumula más ova. Es el caso de Insol, inmobiliaria que gestiona venta y alquiler de larga duración en Los Urrutias, en el término municipal de Cartagena. Al teléfono, Rebeca cuenta que en estos momentos tienen más viviendas en venta por motivo del mal estado de sus playas: "Son herencias y los más jóvenes terminan por no venir porque se tienen que desplazar a otras playas".

En lo personal, y como lugareña, le "fastidia" vivir en una playa en la que da "miedo" meterse algunos días, y afirma sin duda que ha empeorado aún más desde las últimas danas que traen lluvias torrenciales y que arrastran gran cantidad de nitratos del campo hacia la laguna. En 2019 ya provocaron la muerte de cientos de peces y crustáceos, pero después vinieron otros sucesos similares cada vez más frecuentes, como el del verano de 2021 que obligó a cerrar ocho playas por el número de peces muertos, como recogimos en laSexta en el siguiente vídeo.

"Lo tenemos todo parado"

Manuel Navarro, propietario de una inmobiliaria en Los Alcázares, uno de los cuatro municipios bañados por el Mar Menor, recuerda que un episodio frecuente de su infancia en el que su padre se reunía a echar el dominó con amigos junto a la playa. En ocasiones, según cuenta, se acercaban a la orilla a recoger unos langostinos y con eso se hacían un aperitivo. Hoy, según está la mar, esa escena se le antoja imposible.

Pero más allá de la añoranza, lo que tiene Manuel es un problema en el presente: "Lo tenemos todo parado". En sus 21 años vendiendo casas y apartamentos en la zona, no se había encontrado en una situación igual desde la crisis económica de 2008, una situación que empezó en 2016 y que desde entonces "va a peor", asegura.

"Hemos tenido un invierno más o menos bueno, parecía que se iba a reactivar el mercado", explica a laSexta.com, una tendencia que se ha roto en primavera, cuando normalmente venden el 80% de todo lo del año: "Este año vamos a vender un 20%, así no se come, desde luego".

Los motivos del bajón para este alcacereño de 54 años están claramente relacionados con el estado del agua. Porque no solo es que se venda menos, sino que más personas se quieren ir: "Me lo dice todo el mundo, 'véndemela, Manolo que yo me quiero ir a otro sitio'", en relación a las propiedades de sus clientes.

Navarro se muestra muy indignado con la situación y no se identifica con ninguno de los bandos político en conflicto; es más, acusa a los responsables políticos de "vivir del problema" y de no querer solucionarlo, a tenor de lo que percibe con el paso del tiempo: "Siguen llegando vertidos al mar, ¿cómo es posible? Me reitero, viven del problema. No se va a arreglar nunca en la vida", lamenta.

Siempre nos quedará el Mediterráneo

El discurso sobre la situación cambia si nos trasladamos al otro lado de la laguna, en la afamada Manga del Menor. No porque no se vean afectados por la anoxia, sino porque su enclave privilegiado permite orientar la actividad económica hacia el Mediterráneo. Así nos lo cuenta María, suiza de nacimiento pero arraigada en la Manga desde hace más de veinte años, y que asegura que hay zonas que "siempre han sido una ciénaga". En su inmobiliaria, dice, no han notado ningún bajón, pero porque en esa lengua terrestre tan estrecha los turistas tan solo tienen que cambiarse al otro lado para ir a la playa.

Lo mismo que dice Jesús Martínez, de otra inmobiliaria situada en La Manga; desde su perspectiva, la situación del Mar Menor "no afecta al turismo", aunque, reconoce, "es verdad que la gente llama y pregunta que cómo está el agua".

Es difícil baremar con datos objetivos si la asfixia del Mar Menor está ahogando a su vez al turismo, pues la afectación está muy localizada en una zona, como hemos visto, no hay datos concretos y, además, hay otros factores que intervienen en el buen rendimiento de la actividad turística. Más aún con la pandemia o las crisis económicas, que dificultan la comparativa. Además, el episodio de anoxia de 2021 se dio en pleno mes de agosto, por lo que, si alguien dejó de ir por esa razón, la afectación ni se percibió, ya que el turismo en 2021 tuvo una muy buena temporada.

Sin embargo, sí podemos apreciar un pequeño bajón de visitantes en 2016, año en el que hubo un episodio muy importante de sopa verde, según los datos de turismo de la Región de Murcia de la zona del Mar Menor (excepto La Manga).

Hasta quienes quieren pintar la escena más positiva admiten la gravedad del problema, como extraemos de las palabras de Antonio Plaza, presidente de los hosteleros de La Manga y el Mar Menor, que asegura que "el Mar Menor está precioso" y que las aguas no presentan "ningún problema para el baño y para la realización de actividades"; aun así, los hosteleros están preocupados por la repercusión que tiene la falta de soluciones.

Lo que une a todas estas personas, sin excepción, es la queja ante la "inacción" de la administración y la política, que no dejan de tirarse los trastos: "Nadie hace nada efectivo, llevan años publicando informes científicos, haciendo pequeñas obras de contención [de las aguas de la agricultura], tienen que ponerse de acuerdo", exige Plaza.

El Gobierno central echa el balón al regional, este se lo devuelve, los ayuntamientos (que gestionan las playas) reclaman al Estado... En todos estos años se han ido dando pequeños pasos (como el Decreto-ley regional aprobado en 2019 que limitaba los fertilizantes), pero a menudo lo que las diferentes administraciones se han exculpado de la gestión de la situación por una cuestión de competencias. Lo vemos en el siguiente vídeo en el que laSexta sale en barco por la zona de San Pedro del Pinatar para presenciar el estado de las aguas, y en el que recogemos cómo tanto Gobiernos de Murcia como los diferentes ministerios han focalizado el problema en las competencias del otro. El resultado es que, mientras que en el resto de España los precios suben, en el Mar Menor hoteles y alojamientos congelan las tarifas para salvar el verano.

Lejos de ayudar, el escenario político está aletargando la solución de un problema que está provocando daños colaterales en un sector que podría tener un verano boyante si el mar que les da de comer no estuviera agonizando.