Apenas han pasado cuatro días desde que el Gobierno consiguiera la aprobación del Congreso de los Diputados para la reforma laboral acordada con sindicatos y patronal y, en plena resaca tras el polémico resultado, el diálogo social vuelve a darse cita. Sobre la mesa, el alza del salario mínimo interprofesional (SMI), un tema que debería haberse negociado a finales del año pasado pero que fue totalmente eclipsado por las modificaciones en el mercado del trabajo.

CEOE, UGT y Comisiones Obreras abordan la subida de las rentas suelo solo cuatro meses después de la anterior. En septiembre el Gobierno, de la mano de los sindicatos, sumó 15 euros al SMI, hasta los 965 euros y después de que permaneciera buena parte del año congelado. En aquel momento la patronal decidió descolgarse del acuerdo, asegurando que no era el momento apropiado para incrementarlo. Una postura que mantiene también de cara a 2022.

Pero el Ministerio de Trabajo que dirige la vicepresidenta Yolanda Díaz coincide con los sindicatos en que es momento de subir estas rentas, más con la acusada inflación que están experimentando los precios. Así, la cifra que se plantea es que este año el SMI alcance los 1.000 euros, situándolo a punto de llegar al 60% del salario medio en nuestro país --alrededor de 1.060 euros--, uno de los compromisos de investidura del Ejecutivo.

Díaz: "Me gustaría un SMI de 1.000 euros"

En este sentido, desde el Ejecutivo --y más concretamente desde el ala morada que dirige Díaz-- esgrimen el informe del grupo de expertos presentado el pasado junio en el que se diseñó una subida con tres escenarios, bajo, intermedio y alto. El Gobierno optó en septiembre por la vía media y podría volver a optar por ello en esta ocasión, sumando 35 euros. En un primer momento los sindicatos avanzaron que la propuesta era ligeramente inferior, aunque la propuesta negociada en la mesa implica elevarlo de media a los 1.000 euros.

Después de conseguir tejer un acuerdo a tres en la reforma laboral, la batalla del salario mínimo se antoja complicada. La patronal insiste en que las compañías siguen en proceso de recuperación tras el mazazo económico de la pandemia, por lo que no es el momento de aumentar los costes laborales. Pero los sindicatos y el Gobierno creen que la recuperación económica es un hecho y que el buen comportamiento del mercado de trabajo demuestra que subirlo no afecta a la creación de empleo.

En el gráfico bajo estas líneas se puede comprobar el histórico de los últimos veinte años de subidas de SMI con la ocupación en términos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

El objetivo de Díaz es que la subida salga con el concurso de todos los implicados, al igual que la reforma laboral. Un aliciente para la patronal es conseguir que sus intereses no se vean menoscabados por el acuerdo entre Gobierno y sindicatos y que el alza sea superior a lo que les gustaría. Pero la posición del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, es complicada después de dar el visto bueno a la reforma que, si bien consolida parte de las normas laborales elaboradas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy, recupera la ultraactividad de los convenios y algunos temas clave que debilitan la posición de los empresarios.

"Después de la reunión de hoy podría ir al próximo Consejo de Ministros", ha afirmado en una entrevista en RNE el secretario general de la UGT, Pepe Álvarez. "Todo está muy claro, hace cuatro meses el Gobierno se comprometió a subirlo a 1.000 euros el 1 de enero", ha asegurado, dotando de "simbolismo" la cantidad.

La vicepresidenta, que no ha querido hablar de la propuesta sobre la mesa, ha dicho durante una rueda de prensa posterior a la reunión que a ella lo que le "gustaría" es un "salario mínimo de 1.000 euros", pero ha señalado que "ojalá seamos capaces de llegar a puntos de encuentro".

Díaz ha subrayado que espera un "trámite muy rápido" y que concluya cuanto antes, para darle luz verde en el Consejo de Ministros y que la nueva cuantía entre en vigor de manera retroactiva desde enero. "Puede alcanzar a dos millones de trabajadores y con la convicción y la ciencia de que no hay mejor herramienta para avanzar en igualdad y estrechar la pobreza que incrementar el SMI", ha declarado.

En relación al papel de la oposición durante la aprobación de la reforma laboral el pasado jueves, la líder de Unidas Podemos en el Ejecutivo ha aseverado que "seguimos sumando esfuerzos y trabajando por el bien común de nuestro país, le pese a quien le pese". "No voy a perder ni un minuto en los gritos de la oposición. Que sigan gritando, el Gobierno sigue caminando", ha zanjado.