Si para España y Alemania el MidCat era la solución para, por un lado, reforzar las interconexiones energéticas de la Península ibérica y, por otro, para liberar a Alemania de la dependencia del gas ruso, Francia ha lanzado un jarrón de agua fría sobre el proyecto.

Lo ha hecho a través de un comunicado en el que rebaja las expectativas de los socios comunitarios, que veían en este gasoducto -cuya construcción fue abandonada en 2019 por falta de viabilidad en un contexto de transición a energías renovables- una posible vía de escape a la influencia del mandatario Vladímir Putin sobre la economía europea.

Fue el canciller alemán, Olaf Scholz, quien, hace una semana, reclamó potenciar la interconexión energética de Portugal y España con el resto del continente. El objetivo: aumentar la capacidad de transporte de las plantas regasificadoras españolas -nuestro país cuenta con el 40% de la capacidad de transformar el gas natural licuado en gas natural- a los Veintisiete y, así, permitir capear la situación en el caso de que Rusia corte los envíos del combustible. Pero ahora es la ministra francesa, Agnes Pannier-Runacher, quien enfría lo que el presidente Pedro Sánchez calificó como "un sueño".

En el citado documento, al que ha tenido acceso laSexta, Francia recuerda que ya existen dos gasoductos que conectan nuestro país con el vecino del norte y que, funcionando a plena capacidad, permiten el envío de 225 GWh de gas al día. Y, si bien reconoce que el MidCat aumenta el enlace español con el resto del continente, apunta que ya se abandonó hace tres años por "falta de un beneficio económico suficiente", además la oposición local en el valle del Ródano y de las asociaciones ecologistas.

España insiste en negociarlo en Bruselas

Además, y a pesar de que la vicepresidenta Ribera indicó que la parte española podría completarse en nueve meses, sus homólogos franceses apuntan a que "un proyecto de este tipo tardaría muchos años en estar operativo (...) y no podría responder a la crisis actual", señalando como alternativas más viables la puesta en marcha de plantas regasificadoras marítimas flotantes en el norte de Europa.

Desde Francia señalan que "antes de lanzarse a la construcción de nuevos gasoductos", sería necesario integrar las metas climáticas. Es decir, ven inviable construir un gasoducto cuando el bloque comunitario aspira a abandonar el uso de combustibles fósiles en 2050. Si bien España y Alemania han apuntado que este canal podría utilizarse para transportar hidrógeno verde en el futuro -una apuesta de energía renovable de nuestro país-, creen que "las incertidumbres son muy altas sobre las capacidades de producción y consumo" de esta energía en el futuro. Incluso señalan que en la actualidad no se dispone de "determinados equipos, como compresores de alta velocidad, para construir un posible gasoducto que sea totalmente compatible con el transporte de hidrógeno".

Ahora, las conversaciones tendrán que seguir para determinar si sale o no adelante este gasoducto que el Ejecutivo considera fundamental. Según fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica, las circunstancias "han cambiado radicalmente" con respecto al planteamiento inicial del proyecto. En la actualidad, es un momento totalmente distinto, aseguran.

Sin embargo, desde el departamento de Teresa Ribera señalan también que el debate ha de producirse a "alto nivel" entre instancias europeas, remarcando que las negociaciones han de producirse entre los países miembros, y que lo prioritario es ayudar al resto de países.