BALONMANO | QUINTO DE MANERA CONSECUTIVA

BALONMANO | QUINTO DE MANERA CONSECUTIVA

El Barcelona no falla y logra su vigésimo segundo título de Copa del Rey ante el Logroño

El Barcelona de balonmano consiguió imponerse al Logro La Rioja en la final de la Copa del Rey por 35-28. Los blaugranas logran su quinta Copa consecutiva y la vigésimo segunda a la largo de su historia.

Valero Rivera del Barcelona Balonmano
Valero Rivera del Barcelona Balonmano | EFE

El Barcelona Lassa cumplió con los pronósticos y se alzó con su vigésimo segundo título de Copa, el quinto de manera consecutiva, al imponerse este domingo por 35-28 a un BM Logroño La Rioja que no mereció tan duro castigo en el marcador.

El Barcelona estaba dispuesto a resarcirse en la Copa del Rey disputada en Madrid de los tropiezos vividos este curso en el campeonato liguero, en el que por primera vez casi en cinco años no logró el pleno, tras empatar en la pista del Quabit Guadalajara y caer en casa (28-29) ante el Fraikin Granollers.

Una circunstancia que hacía, como advirtió el preparador del BM Logroño La Rioja, Jesús Javier "Jota" González, más "difícil que nunca" la posibilidad de sorprender al equipo barcelonista. "Cuando equipos como el Barcelona vienen de perder, en este caso de no clasificarse para la fase final de la Liga de Campeones, es cuando son más imbatibles", advirtió en los días previos el entrenador del BM Logroño.

Su vaticinio estuvo a punto de convertirse en realidad apenas transcurridos seis minutos de juego, con los tres goles de ventaja adquiridos por el conjunto azulgrana, que en apenas un suspiro ya doblaba (6-3) a su rival en el marcador.

Primera parte igualada

Pero el conjunto riojano, que ya cayó el pasado año por 34-29 ante el Barcelona en la final disputada en León, no estaba dispuesto a rendirse tan pronto, al menos el joven Imanol Garciandia, que, con 23 años recién cumplidos, se echó el equipo a la espalda.

Aferrado al brazo de Garciandia, que firmó cinco de los nueve primeros tantos del BM Logroño, el equipo riojano se agarró a la final, como evidenció el ajustado 8-7 con el que se cerraron los primeros diez minutos de partido.

Pero para vencer al todopoderoso Barcelona hace falta algo más que la simple inspiración de un solo jugador, ya que si en ataque el BM Logroño lograba resistir gracias a los goles de Garciandia, en defensa el cuadro riojano era incapaz de contener la ofensiva barcelonista.

Curiosamente, pese a contar con varios jugadores como Ángel Montoro, Rubén Garabaya o el propio Imanol Garciandia, todos ellos rondando o por encima de los dos metros de altura, el BM Logroño La Rioja sufrió un auténtico calvario ante los "cañoneros" azulgranas.

Excesivamente parapetados sobre la línea de seis metros, los defensores riojanos carecieron de la capacidad de disuadir a los lanzadores barcelonistas que, sin oposición directa, machacaron una y otra vez la portería rival. Cuando no fue Timothey N'Guessan, fueron Dika Mem o Raúl Entrerríos, que cerró la primera parte con cinco goles, quienes superaron con sus lanzamientos lejanos a la defensa del BM Logroño.

El Barcelona alcanzó los últimos nueve minutos del primer tiempo con una ventaja de cuatro tantos (14-10) que hacían volver a pensar en el fin de cualquier opción de sorpresa. Sin embargo, cuando peor pintaba el duelo para los riojanos, los de "Jota" González volvieron a agarrarse a la pista, de la mano del portero checo Jakub Krupa, y, sobre todo, del central serbio Lazar Kukic, que, con sus goles, permitió al BM Logroño reducir al descanso su desventaja (19-17) a la mitad.

Quinta copa consecutiva

Una diferencia mínima, pero que se convirtió en una losa insalvable para los riojanos, que ni tan siquiera en superioridad numérica fueron capaces de acercarse en el marcador al conjunto azulgrana. El Barcelona asestó el golpe definitivo a la final con un jugador menos sobre la pista, tras una exclusión de Viran Morros, que resolvió con un parcial de 2-0 que disparó la ventaja de los de Xavi Pascual hasta los cinco goles.

Los jugadores del BM Logroño se desquiciaron, obcecados en reducir cuanto antes su desventaja, y cayeron en una espiral de malos lanzamientos e imprecisiones que sólo sirvieron para aumentar todavía más 28-20 la diferencia del conjunto azulgrana. Mucha diferencia para el buen juego desplegado por los riojanos en la primera mitad, pero, como ya advirtió su técnico en la previa, no hay peor rival posible que un Barcelona herido.

Redacción | EFE | Madrid | 06/05/2018

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