Fernando Alonso ya advirtió antes del GP de Italia que, por ritmo, iba a ser que no. Que por el coche, por el Alpine, como mucho iba a estar o el décimo o el undécimo en Monza. Y sí, ahí habría estado de no ser por los tres accidentes que hubo y que noquearon a Giovinazzi, a Verstappen y a Hamilton en el Templo de la Velocidad.

Porque el bicampeón de Fórmula 1 terminó octavo, pero no fue por él sino por lo que les fue pasando a los demás. Con Bottas por delante, en un carrerón en el que comenzó último y acabó en el podio, Alonso no pudo ni tan siquiera plantar batalla alguna en Italia.

No había ritmo. O no lo había para poder adelantar a, por ejemplo, Lance Stroll en la pista. Fue al canadiense al piloto que más cerca tuvo, por delante, en toda la carrera.

Cero duelos en carrera

Pero no, no pudo ni aproximarse ni nada al Aston Martin. Ni una pelea, ni un duelo. Ni por delante, ni por detrás. El único que fue hacia él, Bottas, le pasó como un misil.

En tierra de nadie estuvo, y tan solo en la relanzada tras el accidente entre Verstappen y Hamilton pudo tener alguna opción de ganar puestos.

Sin embargo, no fue así, y tal y como dijo en la previa de la prueba, décimo o undécimo. Por ritmo, al menos.

Por los incidentes de carrera, octavo. Más puntos para él y para Alpine.

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