Ferrari y Carlos Sainz obraron lo que parecía un imposible cuando daban las 13:00 en los Países Bajos. El madrileño tuvo un durísimo accidente en los Libres 3 y, a pesar de que todo hacía presagiar que se quedaba sin clasificación, finalmente no solo participó en ella sino que logró un más que meritorio sexto puesto.

Lo logró gracias al tremendo trabajo que hicieron en el garaje de Ferrari para reparar todos los daños sufridos. Daños que fueron considerables, pues Carlos dejó el coche bastante mal tras golpear con las protecciones de la curva 3 de Zandvoort.

Con eso, y con el hándicap de que el coche tardó 20 minutos en volver al garaje, el equipo de Maranello se puso manos a la obra para arreglar el monoplaza. Piezas, suspensión, fondo plano, alerones... todo, pero por suerte no hubo que tocar ni caja de cambios ni nada que supusiera penalización.

Trabajaban contrarreloj, pues a las 15:00 el coche, en cuanto a reglajes, debía estar preparado para la acción. Lo estaba, y en una situación en la que muchos habrían sudado en Ferrari parecían estar en la hora del té.

Al final el coche estaba listo. Y sin problema. Carlos Sainz salió mediada la Q1 para coger confianza. Su primer tiempo, de prueba. Para ver cómo estaban tanto él como el monoplaza. Para ver cómo se sentía la pista.

A partir de ahí, a volar. Interpretó bien la situación. Salió a dar un segundo intento en Q1 y desde entonces el Ferrari empezó a sentirse como se sentía en los Libres. En Q2, sin problema. En Q3, sexto.

Sexto y él mismo dijo que de no ser por lo sucedido en los Libres podría haber estado más arriba. Por delante, un Pierre Gasly que sorprendió con el AlphaTauri.

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