La cara de Carlos Sainz en el podio de Baréin y Arabia Saudí fue el fiel reflejo del que no se conforma con la plata o el bronce porque siempre ha soñado con el oro.

Sin embargo, nunca había estado tan cerca como ahora, y eso es lo que más le empuja al madrileño a exprimirse a sí mismo.

Tras las dos primeras citas del calendario de Fórmula 1, el '55' aterrizó en Melbourne con mejor adaptación al Ferrari F1-75 y cosechando los mejores tiempos en los entrenamientos libres, presentando sus credenciales para llevarse una pole que, en Australia, es sinónimo de victoria.

Pero, cuando todo parecía ir 'sobre ruedas', igualando los tiempos de Charles Leclerc y discutiéndole la primera posición al monegasco y a Max Verstappen, la neblina de mala suerte cegó a Sainz.

Primero, en plena vuelta rápida, un problema hidráulico del Alpine A522 empujó a Fernando Alonso contra el muro y se decretó la bandera roja, lo que anuló el giro óptimo de Carlos ¡¡por 10 metros!!.

Ya en el garaje, con el tiempo justo en el crono de la Q3 para su término, todos los pilotos montaron gomas blandas para ir a por el mejor tiempo, pero el monoplaza de Carlos Sainz dijo basta y tardó en arrancar, lo que disipó cualquier opción del madrileño de completar una nueva marca.

De esta manera, el 'chilli' partirá desde la novena posición este domingo en el Gran Premio de Australia, mientras que desde el retrovisor verá a su compatriota Fernando Alonso (10º).

Con un Ferrari F1-75 que es el monoplaza más rápido de la parrilla (con permiso de Red Bull), desde Maranello fantasean con volver a los días dorados de la 'Scuderia' y Sainz sueña con una primera victoria y un asiento en la mesa del Mundial. Hay coche, pero de momento falta suerte.

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