Todos están atentos al cielo. El circuito de Spa, situado en un valle rodeado de montañas y arboledas, acostumbra a tener una climatología cambiante y este fin de semana todo apunta a que no va a parar de llover.

De viernes a domingo, pasando por entrenamientos libres, clasificación y carrera, la previsión meteorológica dice que la probabilidad de lluvia en la región belga donde se sitúa el circuito es de 90%, excepto el día de la verdad, que baja al 80%.

Estas noticias favorecen a los equipos que en condiciones normales no son tan rápidos y a los pilotos que se manejan en estas circunstancias como pez en el agua, nunca mejor dicho. Las prestaciones se igualan y la única preocupación es mantener el coche en la trazada y adaptarse cada vuelta a la evolución del asfalto.

 

La situación de lluvia puede provocar resultados completamente inesperados, ya sea por ver como los de arriba cometen errores de conducción, por ver a cierto piloto que escoge el momento en el que más rápida está la pista...

Cualquier cosa puede suceder en la subida a la mítica curva de Eau Rouge con agua o en la zona revirada del curvas de media velocidad del segundo sector. El piloto que menos miedo tenga y arriesgue sin pasarse tendrá mucho hecho. Lo que está claro es que las 44 vueltas al circuito de Spa-Francorchamps pueden ser una auténtica locura.