Charles Leclerc pasó por muchas emociones en Francia. El sábado, alegría total al ver cómo el rebufo de Carlos Sainz daba resultados y le ponía como el hombre de la pole. El domingo, felicidad primero para luego sentir frustración por su accidente. Finalmente, resignación y reparto de culpas... hacia sí mismo.

Porque el monegasco sabe que está perdiendo el Mundial. Porque además sabe que lo está perdiendo por carreras en las que era mejor que Verstappen. En la que su coche era más rápido que el del neerlandés de Red Bull.

Eso fue lo que pasó en Francia, porque Charles mantuvo sin problemas a Max tras él hasta que llegó el desgraciado momento para sus intereses. En la vuelta 18, perdió por completo la parte de atrás del Ferrari y fue directo contra las protecciones de Paul Ricard.

En ese momento llegó la frustración y la rabia. El grito por radio lo dice todo, en una de las conexiones que pasarán a la historia del presente Mundial con el "stop inventing" de Carlos Sainz en Silverstone.

Culpó al acelerador, pero luego, tras la carrera y a buen seguro más en frío, se culpó a sí mismo.

"Así no merezco ganar el título. Sin excusas", afirmó tras sumar un nuevo cero que se suman a los de España y Bakú.

El acelerador ya le dio guerra en Austria, donde logró ganar tras unas últimas vueltas de pánico en el muro de Ferrari. Ni su jefe quiso ver el desenlace de la prueba.

A pesar de las ocho poles en doce carreras, Leclerc no está mostrando el domingo la superioridad a una vuelta y de velocidad que tiene con respecto a Max Verstappen y a Red Bull.