Fernando Alonso vuelve a Bakú tres años después de su última visita como piloto de McLaren. El asturiano guarda un buen recuerdo de su último gran pilotaje en Azerbaiyán en 2018, donde acabó séptimo consiguiendo una épica remontada después de sufrir dos pinchazos en los neumáticos derechos y dañar el coche.

"Luchamos hasta el final con un coche que estaba medio dañado, pero fue suficiente para llegar a los puntos en séptima posición. Fue un ejemplo de que nunca hay que darse por vencido", comenta Alonso en un vídeo de Alpine.

El bicampeón del mundo se ha encargado de describir el trazado de Bakú. Un trazado urbano que nada tiene que ver con Mónaco, ya que según Alonso es "bastante más factible" adelantar en un circuito "impredecible". El asturiano ha hecho hincapié en la gran diferencia de velocidad en Bakú, y en el constante y radical cambio en el estilo de conducción.

"Bakú es un circuito extremo. Es un diseño que tiene muchas curvas de baja velocidad y las rectas más largas del campeonato, así que esa combinación es muy difícil para configurar el coche. Como piloto es muy difícil cambiar completamente tu forma de percibir las cosa", afirma el ovetense.

"Durante los dos minutos de la vuelta ves todos esos edificios, los muros a 50 o 60 kilómetros/hora y de repente estás a 350 kilómetros/hora en la mitad de la ciudad. Esas emociones son bastante extremas y creo que es uno de los circuitos que probablemente produce más adrenalina como piloto, así que es un desafío", destaca Alonso, al que los circuitos urbanos le suponen todo un reto en el que el mínimo fallo del piloto se paga caro.

"Disfruto corriendo en circuitos urbanos. Creo que esa sensación de no tener margen de error te genera un estrés extra mientras conduces. Ese estrés es, al mismo tiempo, algo que intentamos encontrar como pilotos: el próximo desafío, estar fuera de la zona de confort mientras conduces y Bakú te da todo eso", sostiene el piloto de Alpine.