Volvió a competir, volvió a sonreír. Volvió Simone Biles. Esa fue la gran noticia de la jornada del martes en los Juegos Olímpicos de Tokio. La gimnasta estadounidense compitió en la final de barra de gimnasia y se colgó la medalla de bronce. Pero eso, en esta ocasión, era lo de menos.

Todo ello después de reconocer en la primera prueba de la gimnasia, la de por equipos, que había decidido para para "cuidar su salud mental". Renunció a otras disciplinas... y volvió a aparecer la última.

Y fue recibida como lo que es: una de las mejores deportistas de toda la historia. Además, su valentía a la hora de reconocer sus problemas de ansiedad ha conseguido romper el complicado tabú de la salud mental.

Fue ovacionada por sus rivales, que presenciaron la final en la grada. Tanto a su llegada al pabellón como en su ejercicio. Un ejercicio completo en el que trató de asegurar y en el que cada movimiento fue celebrado por la grada.

A su cierre, la sonrisa de siempre. Volvió la Simone Biles de siempre. Una lección al mundo de superación que siempre será recordada como una de las grandes historias de los Juegos Olímpicos.

 

Un ejercicio de 14.000 puntos

Biles completó un ejercicio de 6,1 de dificultad y recibió un total de 14.000 puntos. La china Guan Chenchen se proclamó campeona olímpica llevándose la medalla de oro. Su compatriota, Tanx Jiging se ha llevado la plata.

Todos los ojos, a pesar del oro de la gimnasta china, se dirigían a Simone Biles, que no podía parar de sonreír. Abrazos y más abrazos de sus entrenadores y rivales, conscientes del ejemplo que acababa de dar al mundo la estadounidense.