Tres minutos pueden ser la diferencia entre un oro paralímpico o volver a casa de vacío de Tokio. Ese ha sido el caso de Muhammad Ziyad Zolkefli, un atleta paralímpico malayo que llegó tarde a la final del lanzamiento de peso F20 masculino y perdió la oportunidad de convertirse en campeón.

Tanto él como dos compañeros suyos se retrasaron de la hora de inicio de la prueba. Al poder tener una "razón lógica para llegar tarde", la organización permitió que los tres deportistas paralímpicos pudieran participar en la prueba y analizar posteriormente los hechos.

Zolkefli quiso aprovechar la oportunidad por si acaso. Ganó la prueba y consiguió batir la marca del récord del mundo, pero su impuntualidad le privó del éxito y de revalidar el metal que ya consiguió en Río 2016.

La decisión se tomó, según cuenta el portavoz de Comité Paralímpico Internacional, Craing Spence, tras comprobar que "no había razón justificable", eliminando a los rezagados y otorgando las medallas a los siguientes en la clasificación.

Maksym Koval fue el ganador por decisión de los jueces del World Parathletics, resolución que ha provocado críticas en redes sociales y comentarios en contra del ucraniano, quien "no tiene ninguna culpa" en palabras de Spence.

"Puedes estar muy descontento con la decisión pero lo que ahora veo son comentarios en todas nuestras publicaciones en redes sociales que no tienen nada que ver con el evento de lanzamiento de peso F20. Las reglas son las reglas, la decisión está tomada y no era culpa del ucraniano. El malayo llegó tarde al 'call room'. Muy decepcionado con que tal abuso ocurra en redes sociales", concluyó.