No es común ver este tipo de imágenes en los saltos de longitud. Alguna vez se ven lesiones musculares durante la arrancada, malas caídas en la arena durante el salto, pero Thomas Van der Plaetsen aterrizó de cara en el foso tras un desafortunado tropezón justo antes de acometer su salto.

Pisó la plastilina y en un gesto bastante extraño su tobillo se torció. Acabó perdiendo el equilibrio y besando la arena del foso, quedándose varios segundos estirado boca abajo sin moverse y alarmando a todos los presentes.

Finalmente acabó pidiendo la asistencia de una silla de ruedas. Así salió del Estadio Olímpico de Tokio diciendo adiós a sus opciones de medalla en el decatlón largo cuando solo estaban por la segunda prueba de la modalidad.

 

Al parecer, Van der Plaetsen arrastraba alguna molestia física de la primera prueba, que fueron los 100 metros lisos. Con esta caída y su consiguiente lesión, al belga no le quedó otro remedio más que retirarse de la competición.

Una desgracia más que se suma a una lista de infortunios extensa. En 2014 fue acusado de dopaje cuando esos valores estaban alterados realmente porque sufría un cáncer testicular del cual se enteró en ese instante.

Años atrás, su padre había fallecido por otro cáncer, esta vez de páncreas, así que el golpe fue un golpe de realidad difícil de aceptar. Sin embargo, Thomas se armó de valor, superó la enfermedad y volvió a competir en Río 2016, donde acabó octavo.

Ahora solo le queda volver a demostrar su espíritu de superación y volver más fuerte para los Juegos Olímpicos de París 2024.

Van der Plaetsen