Ya lo decía nuestro enviado especial a Estocolmo, Julio Suárez:

 

Y la emboscada en este 'Friends Arena' no tardó en pasar factura. Una primera parte sin muchas ideas para España se vio resuelta entre ataques estériles debido a la tela de araña sueca, paradas de De Gea y una ocasión de Thiago solo ante Olsen, que erró al intentar adornarse y no ver a Gerard Moreno, que estaba solo.

Mientras tanto, Suecia hacía lo que tenía que hacer. Esperar y salir a la contra como pez en el agua, con Forsberg, Berg y Quaison agitando la línea defensiva capitaneada por Albiol y, quién sabe si creciéndose porque por primera vez, España no alineaba a ningún futbolista que jugara las mágicas finales acontecidas entre 2008 y 2012.

Emboscada y gol de Suecia

Esta España de Oyarzábal, Fabián y Ceballos se mostraba vulnerable, y mientras, De Gea, viejo zorro, opositaba de nuevo para afianzar su titularidad parada tras parada y ocultando unas molestias que cada vez eran más patentes. Pero a la fuerza, también Suecia, anotó su gol en el comienzo de la segunda parte en una buena representación de esto mismo: De Gea hizo dos paradas antológicas a bocajarro, pero en la tercera opción solo pudo ver como Marcus Berg remataba a placer.

A partir de ahí, España yacía por el verde tocada y hundida. Fabián intentaba mover al equipo de un lado a otro, pero los suecos trababan el partido. Una dinámica donde De Gea, el mejor de la Selección, finalmente tuvo que abandonar el campo por Kepa.

Efecto Rodrigo, minuto 65

Pero ante toda la agonía, Robert Moreno apostó por la artillería. Qué remedio. Y Rodrigo, que salió por Thiago se mantuvo agazapado entre la muralla amarilla durante media hora. Sí, porque solo se le vio para hacer lo más importante de todo el partido: empujar a gol un remate a placer en el minuto 91 tras un córner que fue lo único que no controló Suecia y el Friends Arena en todo el partido.

Y así fue, sin riesgo y con encerrona, como Suecia, segunda de este grupo F, intentó ahogar a España, que agonizaba entre el frío y el amarillo hasta que Rodrigo abrió una escapatoria y agarró el pasaporte a la próxima Eurococopa 2020.