Este domingo, la selección femenina estadounidense logró alzarse con el título de campeonas del mundo al derrotar por dos goles a cero al combinado holandés en el Parc Olympique Lyonnais, en Francia, ante 57.900 espectadores, siendo esta la cifra más alta registrada en una final del Mundial femenino en el siglo XXI. De esta manera, Estados Unidos logró su cuarto título de la Copa del Mundo tras los conseguidos en 1991, 1999 y 2015.

Sin embargo, no es el único logro que han alcanzado. Además de ganar el título, han dado cuenta al mundo de la eclosión que ha sufrido el fútbol femenino en los últimos años. Han abierto los ojos a los aficionados del deporte rey que no veían más allá del juego realizado por hombres, batiendo récords de audiencia y provocando una mayor y mejor cobertura mediática.

Copando multitud de titulares, Megan Rapinoe, capitana estadounidense, mejor jugadora y máxima goleadora de la competición, ha criticado duramente las políticas de Donald Trump -rechazando el recibimiento en la "pu**" Casa Blanca-, ha reclamado una urgente igualdad salarial en la profesión y ha defendido los derechos sociales y civiles del colectivo LGTBI.

 

Cabe recordar que, este mismo año, el Equipo Nacional Femenino estadounidense presentó una demanda por discriminación de género contra US Soccer, la Federación de Fútbol de los Estados Unidos, por disparidad salarial con el equipo nacional masculino y las condiciones de trabajo.

Sin embargo, pese a la gran atención que ha despertado la competición y el aumento de los retribuciones en más de un 200% respecto a 2015, la realidad demuestra que el Mundial femenino se encuentra a años luz, en términos de ingresos, del disputado por hombres.

Para esta octava edición, la FIFA anunció el mayor montante hasta ahora destinado para la competición femenina: 30 millones de dólares (26,7 millones de euros) a repartir entre los distintos combinados nacionales que participaban.

Atendiendo a las cifras ofrecidas por la FIFA, el Mundial 2019 femenino vendría a repartir lo mismo que dio la organización en 1990 para el Mundial masculino en Italia, hace casi 30 años. Se trata de cifras incompatibles con los avances tecnológicos, publicitarios y de infraestructura que se han producido en estas tres décadas, provocando que el tema se ponga en la picota y obteniendo resultados como el visto al término de la final del Mundial: más de 57.000 almas reclamando igualdad salarial.

 

Por su parte, a modo comparativo, el Mundial celebrado en Rusia repartió 400 millones de dólares (cerca de 357 millones de euros) entre las 32 selecciones que disputaron el torneo. Esta dotación económica se vio aumentada en un 12% con respecto al Mundial celebrado en Brasil, en 2014, donde el montante a repartir ascendió hasta los 358 millones de dólares (319 millones de euros), mientras que Alemania, como campeona del torneo, percibió 35 millones (31,2 millones de euros).

La FIFA otrogó a Francia, selección ganadora de la Copa del Mundo 2018, un premio de 38 millones de dólares (33,9 millones de euros) y a Croacia, digna finalista, 28 millones (cerca de 25 millones de euros). Tanto Bélgica como Inglaterra, tercer y cuarto puesto del campeonato, recibieron 24 millones de dólares (21,4 millones de euros) y 22 millones (19,6 millones en la conversión), respectivamente.

En contraposición, el conjunto americano, por haber levantado la Copa, percibirá 4 millones de dólares (3,5 millones de euros), mientras que Holanda, Suecia e Inglaterra, como segundas, terceras y cuartas clasificadas, recibirán 2,6 millones de dólares (2,3 millones de euros), 2 millones (1,8 millones de euros) y 1,6 millones (1,4 millones de euros), respectivamente.

Por otro lado, con motivo de ser integrante del equipo ganador, las jugadoras obtienen un premio de 200.000 dólares (178.200 euros) mientras que los varones galos se embolsaron una cifra cercana a los 1,11 millones de dólares (casi un millón de euros), según 'The Guardian'.

Más curioso si cabe es el caso del dinero destinado para la indemnización por lesiones de jugadores y jugadoras. Mientras que la FIFA destina 119,08 millones de euros al fútbol masculino en este aspecto, en el femenino no cuenta con retribución para estos casos, hecho que es realmente llamativo.

Desgraciadamente, el plano de las cifras es solo un indicativo más de la disparidad existente en torno a los géneros en el mundo del deporte, más en concreto en el fútbol. Ante la diferencia salarial, se impone la evidencia: la expectación que genera. En España, el partido que enfrentaba a las secciones femeninas del Atlético de Madrid y del FC Barcelona se saldó con un total de 60.739 espectadores que llenaron las gradas del Wanda Metropolitano. Antes, los cuartos de final de la Copa de la Reina, que disputaban el Athletic Club y el propio Atlético de Madrid, congregaron en San Mamés a más de 48.000 aficionados.

Con la semilla del fútbol femenino plantada hace años, eventos con enorme expectación como ha sido este Mundial de Francia, la gran repercusión obtenida en los medios de comunicación internacionales o jugadoras como Megan Rapinoe, que tomen la palabra y alcen la voz en favor de la igualdad, hacen que las raíces de la planta del deporte rey femenino se expandan, crezca un sólido tallo y, confiemos, pronto termine de lucir la flor en su totalidad.

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