En un estadio con capacidad para 78.000 personas como el Azadi de Teherán, solo había ojos para un lugar: los cinco sectores ocupados por mujeres. Porque es historia, porque supone el levantamiento de un veto, y porque hacía 40 años que esto no pasaba.

Sobre el verde caían los goles (catorce, en concreto) de la goleada de Irán a Camboya; pero sobre la grada, se levantaban derechos.

 

Un duelo futbolístico por un puesto en el Mundial de Catar 2022, acompañado de otro duelo, social, por un puesto en la lucha contra el machismo. Y seguramente no haya clasifiación para esto último, pero sí libertad.

Sonrisas, gritos, cánticos... todo eso y lo inherente a vivir un partido de fútbol han recuperado las mujeres en Irán. Un logro donde la amenaza de la FIFA a las autoridades iraníes ha sido efectiva y donde el deporte rey, en este caso, ha cumplido con una labor que va más allá del terreno de juego.