El plan de Julen Lopetegui para la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey en el Camp Nou ha sido desde un primer momento aguantar. Aguantar y presionar.

Sin Bono, Jesús Navas y Rakitic de partida, pero con la renta de 2-0 que se llevaron del Sánchez-Pizjuán hace unas semanas, los de Nervión saltaron al verde blaugrana con la idea de dejar la posesión al cuadro de Koeman y esperar el error rival para salir rápidamente a la contra.

Con Messi, Dembélé y Pedri en la punta de ataque del cuadro de Koeman rápidamente cambió el rumbo de la eliminatoria. Tanto el francés como el canario llevaron la batuta del ataque culé frente al Sevilla, que difícilmente podía adivinar por dónde entraban las flechas azulgranas.

De una asociación entre ambos, y tras una maniobra de muchos kilates de Dembélé, llegó el primer gol del encuentro cuando aún no se habían consumido los 12 minutos después de que el galo clavara un derechazo inapelable en la escuadra de Vaclik.

Conforme pasaban los minutos, parecía que el campo se inclinaba hacia el área sevillista. Tras el descanso apenas se notó el 'efecto Lopetegui', aunque cerca estuvo el Sevilla de cerrar la eliminatoria en el 73'.

Tras un penalti sin discusión de Mingueza sobre Lucas Ocampos, el argentino no logró convertir la pena máxima ante un Ter Stegen que se hizo gigante y detuvo un inocente lanzamiento del albiceleste desde los once metros.

Abocado a defender en campo propio dado el esfuerzo físico realizado, y con el Barça volcado por completo en ataque tras la expulsión de Fernando, parecía cuestión de tiempo que los azulgranas empatasen la eliminatoria (o de suete que no lo lograsen).

Rozando el 94', Gerard Piqué cabeceó a la red de Vaclik un centro perfecto de Antoine Griezmann, que salió en los compases finales con el objetivo que ejecutó, agitar el encuentro en busca del segundo gol.

La remontada se culminó en la prórroga

Partido a la prórroga con el Sevilla muy mermado anímicamente; el resultado era de esperar. Apenas se habían cumplido cinco minutos del tiempo extra cuando Braithwaite mandó a guardar un buen centro de Jordi Alba para dar la vuelta al cruce.

Tras consumar la remontada, el Barça cerró filas y el conjunto andaluz comenzó poco a poco a desesperarse, sucediéndose faltas y protestas que se aunaron a estériles intentos de ataques hispalenses que no lograron ese único gol necesario para pasar a la final de la Copa del Rey.

El cuadro de Ronald Koeman ya espera rival en la final del torneo copero, que saldrá del Levante-Athletic de Bilbao (1-1 en la ida) de este jueves. Más allá de la remontada, anímicamente supone una inyección de moral para afrontar una complicadísima remontada ante el PSG en Champions y ante el Atlético de Madrid y el Real Madrid en Liga.