Precoz como fue su marcha de este mundo, el entonces 19 del conjunto de nervión, enfiló la portería de su eterno rival tras un fallo de Adrián San Miguel para marcar el 1-0 del derbi sevillano a los 12 segundos de partido.

Eran otros tiempos: Míchel, el entrenador del Sevilla; Pepe Mel, el del Betis; y el campo, jugadores como Cicinho, Rubén Castro, Beñat, Medel, Palop o Álvaro Negredo. Pero el punto en común nada más arrancar el juego fue que todos los de blanco abrazaban a Reyes, al hijo pródigo del sevillismo que había regresado a casa tras ganar ligas con Arsenal, Benfica o Real Madrid, y una UEFA con el Atleti.

 

Era Reyes en estado puro, ni más ni menos, en unas imágenes que tardaron años en olvidarse en Sevilla por la consiguiente guasa de endosar un 5-1 en el derbi local.

En este caso fueron dos goles de Reyes a la postre, dos de Fazio, y uno Rakitic, que entonces era dueño y señor del centro del campo del Sevilla.

Por el otro lado anotó Rubén Castro, historia verdiblanca, en una noche de la que se cumplen siete años, pero que al ver las imágenes y el contexto actual... multiplican su valor emocional de manera infinita.