Salman Rushdie continúa ingresado en el hospital recuperándose del brutal ataque que sufrió el pasado viernes, cuando un hombre irrumpió en el escenario sobre el que se disponía a ofrecer una conferencia y le apuñaló ante el estupefacto auditorio.

El calvario del escritor, sin embargo, se remonta a décadas atrás, después de que su libro 'Los versos satánicos', publicado en 1988, desatara la ira del integrismo islámico por considerarlo blasfemo. Un año después, el ayatolá Jomeini proclamaba una fetua pidiendo su cabeza.

Desde entonces, el novelista ha vivido más de tres décadas asediado por constantes amenazas y, durante varios años, en la clandestinidad, oculto bajo un nombre falso. Una maldición que se extiende a otras personas que participaron en la traducción o edición de la novela y que le costó la vida a Hitoshi Igarashi, asesinado a puñaladas por traducirla al japonés. Traductores a otros idiomas y su editor en Noruega también sufrieron atentados contra sus vidas por su relación con el libro.

Pero la condena que lleva décadas persiguiendo a Rushdie tiene su origen, en realidad, en un error de traducción. Así lo recordaba el pasado viernes Antonio Maestre en Más Vale Tarde, poco después de conocerse la noticia de la agresión. Según explicaba, las amenazas contra Rushdie tienen su origen en "una traducción errónea que se hacía en el siglo XIX" de una parte del Corán.

"Una traducción puede suponer la muerte"

En efecto, en su libro Rushdie reflexiona sobre unos versículos que Mahoma eliminó del Corán porque, según la propia tradición musulmana, Satán se los inspiró para confundirle. El problema viene por la denominación de esos versículos, que a su vez dan nombre a la novela.

Así lo explicaba a Ahora Qué Leo la traductora y escritora Nuria Barrios, que reflexiona precisamente sobre las malas traducciones de textos sagrados en su libro 'La impostora'. "Las traducciones no son algo baladí, algo inocuo, una traducción puede suponer la muerte de una persona", advertía en esa entrevista. Se refería precisamente al caso de Rushdie y a los ataques contra sus colaboradores.

La experta incidía en que Jomeini no emitió la fetua contra el autor de 'Los versos satánicos' porque considerase herético el contenido del libro, sino por su título, que "es una mala traducción". "Consideran que el título hace referencia al Corán y se está señalando al Corán como un libro satánico", explicaba.

Barrios precisaba que todo se remite a la redacción del propio Corán: Mahoma inicialmente incluyó en el texto unos versos en los que hacía referencia a tres diosas locales. Sin embargo, esos versos eran heréticos en sí, "porque no hay más dios que Alá", por lo que el profeta posteriormente los suprime y "se justifica diciendo que esos versos han sido inspirados por Satán".

En árabe, ahondaba la autora, esos versos se denominan con una palabra que se traduce como 'grullas', pero los orientalistas británicos de finales del siglo pasado, en lugar de utilizar ese término, los llamaron 'versos satánicos'.

La controversia, en el título

Por otra parte, Salman Rushdie escribió originalmente su novela en inglés, pero cuando esta fue traducida al árabe, la expresión 'versos satánicos' "se traduce literalmente y la traducción hace referencia a todo el Corán". "La parte se traduce como el todo", resumía Barrios, que explicaba que este error supuso un "revulsivo en el mundo de la traducción" por sus terribles consecuencias para todos los implicados en la obra, hasta el punto de que aún hoy se desconoce la identidad de su traductor al castellano.

A su juicio, la condena del ayatolá "puso de relieve es que con la traducción hay que tener mucho cuidado, porque las palabras están cargadas de dinamita y la interpretación de las mismas, de doble dinamita".

En el mismo sentido, el traductor y escritor Mariano Antolín Rato aborda en este artículo para el Centro Virtual Cervantes cómo los orientalistas británicos acuñaron la expresión "versos satánicos" para referirse a lo que en árabe se conoce como "gharaniq".

El libro de Rushdie, por su parte, se traduciría al árabe como "Al-Ayat ash-Shataniya" y, según explica Rato, 'Shataniya' significa "Satán" y 'ayat', "los versos del Corán". De esta forma, el título en árabe implicaba una blasfemia: que Satán compuso el Corán, algo que no tiene nada que ver con el contenido de la novela y que casi le cuesta la vida a su autor.