En las festividades del Día de Todos los Santos y de la Conmemoración de los Fieles Difuntos es tradicional asistir a los cementerios para visitar las tumbas en recuerdo de las personas fallecidas. En muchos casos, incluso se acude con unos días de antelación para arreglarlas, de forma que a principios de noviembre estén en perfecto estado. Durante los días 1 y 2 de noviembre se engalanan con flores y se reza por los que ya se han ido.

El Día de Todos los Santos fue instaurado por la Iglesia Católica a raíz de la Gran Persecución de Diocleciano, a principios del siglo IV. Eran tantos los mártires causados por el poder romano, que la Iglesia señaló un día común para todos ellos, fueran conocidos o desconocidos.

Aunque en los primeros siglos varió la fecha, Gregorio III la fijó el 1 de noviembre en el siglo VIII, en respuesta a la celebración pagana del Samhain o Año Nuevo Celta, que se celebra la noche del 31 de octubre, y Gregorio IV extendió la festividad a toda la Iglesia en el siglo IX. Para los católicos españoles es una de las ocho fiestas de precepto anuales.

Los escenarios y teatros españoles se llenan con los personajes de la más conocida obra del escritor vallisoletano José Zorrilla 'Don Juan Tenorio'. En algunos puntos de España, este drama romántico se recrea incluso en los cementerios a altas horas de la noche. La obra, junto con 'El burlador de Sevilla y convidado de piedra', atribuida a Tirso de Molina y en la que se inspira la de Zorrilla, es una de las grandes plasmaciones literarias del mito español del Don Juan. Escrita en verso, el acto final transcurre precisamente en la Noche de Todos los Santos.

Otra de las más inveteradas costumbres de estas fechas consiste en comer dulces. En concreto, la Fiesta de Todos los Santos ha institucionalizado sus productos típicos, como los buñuelos de viento, los huesos de santo o los panellets, un dulce típico de las regiones de Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana e Islas Baleares.

Además, en algunas zonas de España esta fiesta coincide con el magosto o castañada, que se suele celebrar entre el Día de Todos los Santos y San Martín, el 11 de noviembre. Amigos y familiares se reúnen para comer en la calle o en el campo sin que falten las castañas asadas al fuego, el vino nuevo, la carne de cerdo y los chorizos. Esta tradición es común en las regiones del norte, como Galicia, Asturias, Cantabria, Aragón, Cataluña, además de zonas de León, Zamora y Salamanca e incluso en la comarca cacereña de Las Hurdes. También es una fiesta popular en Portugal, donde se la denomina magusto.