La historia de Roldán le sirvió a Dani Rovira para sacar la sátira política en los Goya. Aunque a veces es mejor callar. Ver a 'superRovira' junto al ministro de cultura, Íñigo Méndez de Vigo, y no decirle nada lo dice todo.

Ya lo había avisado el presentador al principio de la gala con un mensaje a los políticos asistentes. "Os vamos a dedicar el mismo tiempo que vosotros en los mitines a la cultura... ya está", bromeó.

A quién sí se le dedicó tiempo anoche fue a las mujeres. En una discutible puesta en escena, Rovira tiró de tacones para hablar de discriminación de género en el cine. "En 2016 han dirigido películas 78 directores frente a tan solo 18 directoras", recordó el humorista.

Un dato que parecía difícil de asimilar para el Goya de Honor. "Se me escapa la razón por la que sigue habiendo tan pocas mujeres en el cine", señaló Ana Belén, que se despidió con "salud y trabajo para esta profesión que no se merece tanto desprecio de sus gobernantes".

A Ana Belén se le secó la boca de tanto a hablar, y a la presidenta de la Academia Yvonne Blake se le secó porque todavía le cuesta el español. Roberto Álamo también tuvo problemillas con el micrófono. Un secreto: este tenía la altura perfecta para que subiera el mejor director de 2017.

Puestos a agradecer, el público agradeció que un presentador se saliera del guión. Bromeó con las gafas de sol de Almodóvar y tiró de divertidos 'zascas' con otros invitados. Hacia el final se veía venir, porque era una fiesta del cine. Qué mejor manera que terminarla que con un beso de película. A la española, claro, como el que ofrecieron Dani Rovira y Karra Elejalde.

Mención especial también para el IVA cultural, una de las cuestiones protagonistas en esta gala. Ya en la anterior edición, Rovira dedicó un espacio al IVA cultural en su monólogo inicial. El actor malagueño lanzó un dardo al ministro de Hacienda sobre los impuestos en el ámbito de la cultura que no dejó indiferente a nadie.