La inteligencia artificial es capaz de crear ilustraciones por sí sola. Programas como Dall-e 2 - creado por una empresa de Elon Musk - han abierto un mundo donde las posibilidades son infinitas. El usuario solo tiene que escribir los conceptos que quiera y, en unos segundos, la máquina crea múltiples opciones a escoger. Este nuevo paradigma hace temblar a los ilustradores. Y también a la regulación.

Algunos de estos profesionales hasta pronuncian la palabra miedo. Es el caso de la ilustradora y diseñadora gráfica Alba Cantalapiedra. "El miedo a que algo pueda quitarnos nuestro trabajo cuando realmente nosotros estamos instruidos, nos hemos educado", explica.

La popularidad de estas herramientas es tal que hasta las revistas The Atlantic y Cosmopolitan ya han publicado su primera portada creada por inteligencia artificial. También Stephen King ha mostrado su interés sobre estas plataformas en su cuenta de Twitter. Lo hizo en una publicación en la que confesó haber realizado una prueba junto a un amigo. "Esto fue hecho por un bot de IA. Le pedí a mi amigo técnico Jake que pusiera a Pennywise en una bicicleta y salió eso", expresa en la citada red social.

Esta revolución, además de traer polémica, viene acompañada de interrogantes nuevos sobre la propiedad intelectual. Cantalapiedra señala que la pregunta debería girar en torno a la originalidad de las composiciones. "¿Podemos considerarlo una pieza única, exclusiva y original o al fin y al cabo siempre se está nutriendo de lo que ya existe?", añade.

La herramienta utiliza millones de imágenes existentes. De ahí que, a veces, sus creaciones se parezcan en exceso a las originales. En este sentido, el abogado experto en Derecho Tecnológico, David Ruiz Torres, asegura que la creación de obras de arte por inteligencia artificial pone en jaque la regulación y señala que es necesario un esfuerzo por parte del legislador. Por ahora, en Europa los artistas tienen pueden pedir que sus trabajos no sean incluidos en estos bancos de datos.