Los vecinos se fueron acostumbrando con el tiempo, pero los turistas no. Se quejaban porque el coche les arruinaba las fotos. En febrero de 2015 crearon un problema serio de la nada. Algunos vándalos se ensañaron con el coche del pensionista. Lo abollaron, rompieron sus ventanas y en el capó le rayaron la palabra: "muévelo!". En total, los destrozos le costaron 7.000 euros.

Peter Maddox, el jubilado del coche amarillo, no tuvo más remedio que cambiar su pequeño Corsa por otro de color gris. Pero aquel odio suscitó una corriente contraria.

Este fin de semana cien vehículos amarillos de toda Inglaterra han acudido a Bibury para solidarizarse con Maddox y su malogrado Vauxhaull. Suzukis, Minis, Audis, Ferraris y algún Lamborghini con sus dueños vestidos a juego. También de amarillo. Todos desfilaron por Bibury para apoyar a un jubilado que no podía creérselo.

Incluso la marca del coche amarillo ha querido tener un gesto con Peter. A partir de ahora, todos los que elijan un coche con el color del malogrado Corsa del jubilado estarán comprando Vauxhaull "amarillo Maddox". Un final de cuento, para un pueblo de cuento.