En cada encierro corren 6 toros y 6 cabestros, pero este viernes sólo ha habido un protagonista: Punterito. Porque cuando un toro mira hacia los lados como él, es que algo malo va a pasar. Lanza derrotes a la izquierda pero el peligro de verdad llega cuando se cruza al otro lado. Después de rozar a varios con el asta, llega la primera cornada.

Le empitona en el escroto y golpe a plomo contra el suelo. Punterito sigue adelante perdonando a un corredor y mirando continuamente a los lados hasta que llega su segunda cornada: le coge de espaldas pero en el giro le clava el pitón en el tórax.

Como no ha dejado de amenazar, en Estafeta, coge al tercero. Es el más grave: cornada en el muslo con tres trayectorias. Es aquí cuando punterito se queda descolgado y empieza a perdonarle la vida a todo el que encuentra.

Antes de entrar a la plaza un último herido. Puede que se librara de la cornada por milímetros, pero nadie le salva de un buen dolor de pie tras un pisotón con la pezuña.