La de Encarna podría ser la cocina de cualquiera de nuestras abuelas. Ella es la protagonista de 'Arroz y conejo', el cortometraje que Alejandro Cerón acaba de estrenar en el Festival de Málaga.

Grabada por el nieto de su hermana mientras prepara la comida, este gesto tan sencillo esconde todo un universo: el de las tradiciones, las relaciones familiares y la vida a fuego lento.

Es costumbrismo en estado puro y de algo tan convencional surge este corto presentado en el Festival de Málaga que reivindica la escucha como un acto revolucionario -"Hoy en día creo que es difícil escuchar por tanto estímulo", sostiene su director- y que pone en valor la empatía de toda una generación.

Es su naturalidad lo que engancha y lo que necesita nuestro cine: Guillermo Fesser la encontró en Cándida y también la tiene Julita, protagonista de 'Muchos hijos, un mono y un castillo'. En su caso, su hijo la grabó durante 15 años y tardó dos editar el documental que ganó el Goya en 2018.

Mujeres sinceras, como la Tata de Miguel Ángel Muñoz, a las que el cine está dando un altavoz para que aprendamos de ellas, para que volvamos a la vida a fuego lento y para que entendamos por qué el cocinar arroz con conejo es lo de menos.