Con el aniversario de la muerte de Clara Campoamor, una mujer de arrojo y coraje que se supo imponer a una sociedad machista, recordamos algunas de sus frases que han ido cumpliendo años en la historia: "La libertad se aprende ejerciéndola" o "Porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras" son algunas de ellas.

Campoamor se licenció en Derecho en 1924 y fue una de las primeras abogadas de España. Fue una mujer que marcó la historia de España, que, rodeada de varones que no valoraban la figura femenina, alzó la voz para dejar claro que no: que el hombre no tiene "derecho natural" para "poner al margen a la mujer". Fue la principal impulsora del voto femenino; tanto que su nombre vuelve a sonar con fuerza en cada manifestación a favor de la igualdad y el feminismo.

El 1 de octubre de 1931 encabezaba con un "Señores diputados" uno de sus discursos más famoso en las Cortes. Clara Campoamor empezaba su defensa activa del voto de la mujer. Tuvo que buscarse un hueco político en una sociedad de hombres, en la que la mayoría de las mujeres eran sumisas y conformistas.

Se tuvo que enfrentar incluso con Victoria Kent, con la que no compartía en absoluto su forma de pensar. Campoamor, icono del sufragio femenino en España, defendía la aplicación inmediata del voto de la mujer; en cambio, la segunda, Kent, prefería retrasar el momento, ya que no quería que no se sentía vinculada con la República. En ese momento es cuando Clara Campoamor pronunció su discurso en el que hacía hincapié en que se sentía "ciudadano" antes que "mujer".

Dejaba claro así que "todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros". Entre otras muchas causas, Campoamor luchó por el derecho al divorcio y la derogación del artículo 438 del Código Penal, que permitía al marido matar a su mujer en casos de adulterio.