Daimler, la empresa matriz de Mercedes-Benz, lleva más de tres décadas trabajando en la tecnología de pila de combustible de hidrógeno y después de esa inversión de tiempo ha decidido dedicarle un “hasta luego”. Los alemanes consideran que han pagado demasiados peajes para dar forma a unos coches que son caros de fabricar, ofrecen unas autonomías semejantes a las existentes y son complicados de recargar.

Hasta el momento, el único modelo de hidrógeno disponible era el Mercedes GLC F-CELL. Sólo se podía acceder a él a través de un renting que, además, estaba dirigido a empresas energéticas… ubicadas en Alemania. Este panorama empezó a generar dudas a nivel económico en la marca alemana. Se trataba de una tecnología sin viabilidad comercial y con un beneficio medioambiental cuestionable debido al proceso para obtener hidrógeno en los pozos.

Así las cosas, Daimler ha llegado a una conclusión: por ahora, los coches de pila de combustible no son viables y como todavía no hay mercado para ello, no tiene sentido invertir en su desarrollo. A esto hay que añadir la presencia de los coches eléctricos, que están corrigiendo sus hándicaps (red de recarga, tiempos de carga, rangos de autonomía, precios de compra…) con el objetivo de ser accesibles para todo el mundo.

Mercedes GLC F CELL | Mercedes

Aparece Volvo Trucks

Eso sí, como decíamos antes, se trata de un hasta luego y no de un adiós. La firma alemana no va a tirar por la borda todo el trabajo hecho hasta el momento, lo va a aprovechar en uno de sus verticales: el transporte de mercancías y pasajeros. La razón es simple: con ellos, sí es rentable la apuesta.

No en vano, Daimler va a vender la mitad del área destinadas a las pilas de combustible a Volvo Trucks por 600 millones de euros. Una operación que dará lugar a una joint-venture con la que colaborarán para hacer realidad la tecnología del hidrógeno en el transporte de largo alcance. Eso sí, seguirán compitiendo en lo relativo a camiones.

Camiones de hidrógeno

Usar vehículos eléctricos para el medio y largo recorrido es una solución poco viable por varios motivos: para dotarles de baterías capaces, habría que reducir la capacidad de carga o diseñar modelos de una envergadura desmesurada… y todo esto sin tener en cuenta los tiempos de carga necesarios para volver a estar a punto.

Sin embargo, los camiones y autobuses pueden estar equipados con grandes tanques de hidrógeno sin mermar el espacio físico y sin afectar al peso del vehículo en cuestión. Además, al emitir vapor de agua son más respetuosos que el diésel, por ejemplo. A esto hay que añadir que, en términos temporales, la recarga de hidrógeno tarda, más o menos, lo mismo que un depósito de combustible tradicional.

Mercedes GLC F CELL | Mercedes