Cada vez son más los coches que se suman a la modalidad de propulsión eléctrica: si hace apenas un puñado de años era muy difícil encontrar coches eléctricos o híbridos enchufables, en la actualidad lo complicado es encontrar un fabricante que no ofrezca, al menos, una de las dos alternativas de propulsión.

Pese a sus evidentes ventajas, también es obvio que la utilización de un coche eléctrico o híbrido enchufable precisa de ciertas adaptaciones nivel de hábitos por parte de sus usuarios, siendo la batería el punto clave de todo el vehículo. Al fin y al cabo, un coche eléctrico equipa ciertos elementos que no son habituales en los coches con motorización térmica.

¿Necesitan las baterías recargarse con frecuencia para mantener su integridad la mayor parte del tiempo? La respuesta es sí: su composición química hace que sea necesario recargarlas periódicamente para mantener sus capacidades, un hecho que se hace especialmente necesario en el caso de los vehículos híbridos enchufables, ya que muchos de sus conductores no utilizan su autonomía eléctrica y circulan días -e incluso semanas- con la batería totalmente descargada.

Mantener la batería de un coche eléctrico o híbrido enchufable completamente descargada es una mala idea: su estabilidad química se ve resentida, y algunos componentes de su interior pueden degradarse mucho más rápido de lo que deberían, provocando averías prematuras en un componente -la batería- cuyo coste de sustitución es, en el mejor de los casos, de varios miles de euros.

Es recomendable por tanto no dejar que la batería de tu coche eléctrico o híbrido enchufable se mantenga durante mucho tiempo con muy baja carga. A tope tampoco es lo más recomendable a no ser que vayamos a usarla justo después de desenchufar el coche de la red. De hecho, cuanto más te alejes de los "límites" a la hora de recargar la batería de tu coche, más tiempo mantendrá intactas sus propiedades.