COCHES CLÁSICOS AMERICANOS
Es un tramo de carretera para conocer antes de morir y no está en España
Se encuentra en Estados Unidos; en qué consiste, de qué automóviles se trata y cuál es su ubicación exacta.

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Cuando los coches le dicen adiós a su vida útil, a veces su destino final no lo encuentra en el desguace. Si el arte es un valor intrínseco desde el momento de su diseño y su producción. cuando se convierten en monumentos lo exhiben de la manera más literal. Su funcionalidad ha terminado y solo queda eso que siempre ha sido y seguirá siendo mientras sus piezas permanezcan unidas.
Algo así como el reverso de un Salón del Automóvil: en lugar de constituir una exposición temporal de lo último en industria automotriz, se exhibe al público una obra permanente y con los ejemplares ya en ruinas o en diferentes niveles de deterioro. En este último factor se explica el atractivo agregado, porque es lo que marca la diferencia en relación con homenajes como la estatua a escala original del SEAT 600 en Málaga, que, como tal, no es una unidad real.
Entonces, dentro de un selecto grupo de monumentos a base de coches jubilados que se deben conocer antes de morir, aparece un símbolo del pop art ubicado a metros de un tramo de carretera que no está en España. Y no de una carretera cualquiera, sino perteneciente a la mítica Ruta 66 de Estados Unidos.
Los conductores, parte de la obra del Cadillac Ranch
Imagina que conduces bajo el sol del desierto del estado de Texas. Acabas de atravesar la ciudad de Amarillo, que ves por el espejo retrovisor yendo por la interestatal 40, la sucesora de la histórica Route 66 a esa altura. A lo lejos te llama la atención una suerte de fichas de dominó listas para ser volcadas y entonces detienes la marca. Te bajas y, a medida que te aproximas, reconoces a diez ejemplares Cadillac enterrados en fila, ligeramente en diagonal y hasta la mitad. En ese momento estarás en condiciones de decir "yo estuve en Cadillac Ranch".
Aquí no hay vallados que eviten la intervención de los turistas, que es, de hecho, el sentido de esta obra artística. Aunque no siempre lució lleno de grafitis, ya que todo comenzó con ejemplares de modelos de Cadillac del '48 a 1963 instalados a mediados de los años setenta –para expresar una industria automotriz interpelada por la decadencia del sueño americano–, este monumento conoció su esencia definitiva el día que los propios conductores que pasaban comenzaron a dejar sus huellas multicolores firmadas con aerosol.
El historial del Cadillac Ranch, creación impulsada por el filántropo local Stanley Mash y cuyo grado de inclinación evoca a la pirámide de Guiza, indica que, cada cierto lapso, estos ejemplares han ido sustituyéndose por otros, reiniciando así su estado pintarrajeado. En este tramo de carretera no levantarás el pie del acelerador ni posteriormente te detendrás como consecuencia de radares que se ponen las botas, sino para contemplar esta obra de arte a base de esta decena de clásicos americanos. Recomiendo este vídeo del canal Felicidad Interior Bruta, que, aunque no entra tanto en los detalles, sirve para verlo de cerca.
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