El Adblue es uno de los aditivos más populares hoy en día. Se trata de una disolución de agua y urea que utilizan millones de motores diésel para reducir el potencial contaminante de los gases de escape, una solución que prácticamente todos los fabricantes de automóviles que cuentan con motores diésel modernos en su gama utilizan por su capacidad para neutralizar la toxicidad de esos gases, consiguiendo contener los costes de fabricación.

Sin embargo, para que un vehículo diésel equipado con sistema de inyección de Adblue cumpla con las emisiones homologadas necesita que el propio Adblue cumpla unas especificaciones de calidad muy concretas. Es precisamente aquí donde empiezan los problemas. Y es que según Fertiveria, uno de los productores más importantes de Adblue, hasta un 28% del AdBlue para diésel comercializado en las gasolineras no cumple con las especificaciones legales.

¿Qué quiere decir que no cumple las especificaciones? Básicamente que el Adblue que ha analizado SGS en un estudio de 36 gasolineras, 10 de ellas estaban suministrando un aditivo que no cumplía la norma ISO 22241 que regula la composición y calidad del AdBlue que se suministra a los clientes.

Imagen del tubo de escape de un coche | EFE

Las consecuencias para un vehículo que utiliza Adblue de baja calidad, que no cumple la normativa correspondiente, son variadas: pueden ir desde averías de diversa índole en componentes como el catalizador de oxidación hasta, simplemente, que el vehículo deje de ser apto para circular por no tener las emisiones con las que fue homologado.

El estudio pone de relevancia la necesidad de un control más estricto de la calidad tanto del propio Adblue que se suministra como de la calidad de los depósitos en los que se almacena este producto. Fertiberia, como juez y parte de este asunto, pide que se lleven a cabo más controles, que las ITV controlen también las emisiones de gases contaminantes como el NOx.