La contaminación ambiental es ya uno de los principales problemas a los que se enfrentan las grandes ciudades, inundadas de vehículos que no siempre cumplen con los límites legales de emisiones. Los vehículos más antiguos, especialmente los diésel más viejos, son también muy problemáticos: los gases que emiten por el tubo de escape son muy tóxicos.

Para controlar este tipo de emisiones en Madrid se inició el año pasado, concretamente en mayo de 2018, una prueba pionera de un año de duración en la que, gracias a unos innovadores "radares" se ha conseguido medir el índice contaminante de más de medio millón de vehículos que han circulado por la capital española, una cifra que ahora se ampliará tras anunciarse una prórroga en las pruebas de este tipo de "radares", que estarán operativos durante un año más.

Estos aparatos son capaces de medir las emisiones contaminantes de hasta 1000 coches en una sola hora gracias a un sistema de teledetección denominado Remote Sensing Device (RSD+). Para captar la calidad y cantidad de gases contaminantes que salen por un tubo de escape, se utilizan datos basados en la absorción de luz de gases contaminantes a una longitud de onda exacta. De momento éstos radares no multan ni sirven para imponer sanción alguna, pero todo apunta a que a partir del año que viene ésto va a cambiar.

La cantidad de datos que es capaz de recabar cada uno de estos aparatos es tremenda, ya que se pueden analizar hasta cinco tipos diferentes de gases potencialmente tóxicos: CO (monóxido de carbono), CO2 (dióxido de carbono), HC (partículas de hollín o carbonilla), NOx (óxidos de nitrógeno) y PM (partículas en suspensión), asociándolos obviamente a la matrícula del vehículo que los emite para determinar si está cumpliendo con las condiciones de homologación bajo las que fue comercializado en su momento.

Los datos recabados hasta la fecha hablan por sí solos: un nimio 5% de los vehículos analizados (los más antiguos) son los responsables del 60% de la contaminación del tráfico rodado de la capital, una capital que está muy interesada en adquirir estos aparatos de forma permanente a partir de 2020, de forma similar a lo que hará Barcelona a partir del año que viene, cuando se active su Zona de Bajas Emisiones.