En materia de seguridad cualquier precaución es siempre poca y por ello es tan importante la realización de pruebas de choque y ensayos de colisiones para comprobar la seguridad de los coches y la efectividad de los sistemas de seguridad activa y pasiva. Aunque hay muchas formas de diseñar un vehículo, los fabricantes otorgan prioridad absoluta al mejor comportamiento del vehículo ante un posible caso de accidente o atropello.

Y entre las muchas situaciones de riesgo de accidente que se pueden dar durante la conducción, la maniobra de esquiva es una de las más importantes a la par que más compleja de realizar con el máximo de seguridad. La denominada maniobra de esquiva también es conocida como prueba del alce en lo referente a ensayos de accidentes, y es que en los países nórdicos es sumamente importante la efectividad de un vehículo a la hora de esquivar un obstáculo de grandes dimensiones en la carretera como puede ser un alce.

Imaginemos por un momento que en una carretera donde circulamos a una velocidad de entre 60 y 80 Km/h nos cruzamos con un animal de alrededor de 2 metros de altura y 500 kilogramos de peso, las consecuencias del impacto serían similares a las de impactar contra un muro con prácticamente nulas posibilidades de supervivencia. Por este motivo, y ante la alta presencia de animales en las carreteras nórdicas, países como Suecia o Noruega hacen tanto hincapié en el test del alce.

Con el paso del tiempo el test del alce se ha convertido en una prueba muy relevante a nivel mundial tras dar a conocer los malos resultados obtenidos por algunos coches como el Citroën Nemo o el Jeep Grand Cherokee en la prueba llevada a cabo por la revista Teknikens Värld. Esta prueba ha tenido a otros protagonistas más recientes como el por su clara falta de control al realizar la maniobra de esquiva.

La prueba realizada por Teknikens Värld se realiza a una velocidad de 70 Km/h forzando el cambio de dirección mediante un circuito de conos. En la actualidad el control de estabilidad o ESP es el principal culpable de que los coches sean capaces de ejecutar la maniobra de esquiva con todas las garantías.

Gracias al control sobre la trayectoria del vehículo para mantener su dirección, el ESP permite ejecutar los cambios de dirección manteniendo el control del vehículo. Aún así, esto es lo que dice la teoría, y en la práctica siguen existiendo modelos de coches a los que se les ha atragantado, y mucho, el test del alce al sufrir de un comportamiento anómalo a la hora de realizar los cambios de dirección.

Esto suele ser debido a una mala calibración del control de estabilidad, el trabajo de las suspensiones o problemas en frenos o neumáticos. Por regla general, los vehículos con mayor centro de gravedad y gran recorrido de suspensiones suelen ser los grandes perjudicados en el test del alce (moose test en inglés).