Cuando debemos coger el coche para realizar largos desplazamientos por carretera empezamos, al cabo de un par de horas de conducción, a sufrir los efectos de la fatiga al volante, un fenómeno que, aunque parece ser inofensivo, resulta mortal para decenas de conductores todos los años, que sucumben al cansancio tras el volante, sufriendo por tanto un accidente que puede cercenar la vida.

La DGT insiste constantemente en que es posible luchar contra la fatiga, y que hacerlo es mucho más sencillo de lo que parece. Para despejarse es obligatorio parar cada dos horas de circulación, un hecho que no todos los conductores tienen en cuenta porque su percepción es que "se encuentran bien, no están cansados", por lo que parar se considera, en demasiadas ocasiones, una "pérdida de tiempo".

Lo que algunos consideran una pérdida de tiempo es, en realidad, nuestro salvavidas: cuando detenemos el coche y salimos a dar un paseo, ir al baño y beber algo -sin alcohol, por supuesto- estamos haciendo que el cerebro cambie de actividad, haciendo también que nuestro organismo active todos los músculos del cuerpo que, durante la conducción, permanecen casi sin actividad.

Si lo que queremos es terminar con la fatiga, podemos emplear 20 minutos de nuestro tiempo en hacer lo que se considera más útil y efectivo para vencer el cansancio: dormir. Y es que una pequeña siesta de apenas un cuarto de hora es más que suficiente para hacer descansar al cerebro, reestableciendo su nivel de atención y mejorando, por tanto, nuestra capacidad de reacción en la carretera. Éstos 20 minutos son, por tanto, los más importantes: pueden salvarnos la vida.