Muchos conductores cuentan con malos hábitos al volante. Algunos de ellos pueden afectar drásticamente a la salud de los componentes del mismo. En este caso veremos malos hábitos relacionados con el cambio de marcha y el embrague. VER VIDEO.

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1 - Nunca aceleres nada más arrancar. Los motores Turbo necesitan de cierto tiempo de funcionamiento nada más arrancar para así conseguir que todos los rodamientos y partes del propulsor estén correctamente lubricados. Si nada más arrancar aceleras, el lubricante podría no haber llegado a todas las partes móviles del turbocompresor, pudiendo provocar una avería fatal.

2 - Respeta la temperatura de servicio. Es recomendable esperar a que el motor llegue a su temperatura de servicio, entre 80 y 90º de refrigerante, para poder exigir el máximo rendimiento de nuestro propulsor. El funcionamiento en temperaturas bajas provoca mayor desgaste en las piezas, además de mayor consumo de combustible. El Turbocompresor es el elemento que más sufre en este punto al soportar los gases de escape con temperaturas de hasta 900 o 1000ºC.

3 - Deja reposar tu motor después de usarlo. Apagar el propulsor nada más aparcar puede ser contraproducente después de un tiempo de funcionamiento extenso. Tras un recorrido exigiendo prestaciones a nuestro propulsor, lo ideal es concederle unos 30 segundos de reposo a ralenti para disipar calor y conseguir que todo el sistema no sufra.

4 - No te la juegues con el mantenimiento. A la hora de ahorrar pensamos que exceder los periodos de mantenimiento es una buena idea, pero la realidad nos ha demostrado que al final este tipo de medidas pueden ocasionarnos una buena avería. El lubricante es un elemento fundamental para el funcionamiento de nuestro motor, por lo que no te la juegues e intenta cumplir con las necesidades de tu propulsor.

5 - Evita los acelerones. Otro fallo muy común es intentar conducir siempre a revoluciones muy bajas para reducir consumo, pero solicitar grandes aceleraciones en momentos puntuales. Este tipo de conducción provoca que el propulsor cree depósitos dentro del propulsor y cause averías. Además, este tipo de exigencias al turbocompresor provoca sobreesfuerzos que terminan por limitar su vida.