El precio de los carburantes en España no ha parado de subir en los últimos años. Por todos es conocido que a estas alturas, una buena proporción del precio que pagamos por cada litro de carburante que compramos no es otra cosa que impuestos, impuestos de todo tipo. Y es que la venta de carburantes es una de las fuentes de recaudación más importantes para el Estado.

Sin embargo, en estos tiempos en los que el medio ambiente y el cuidado por el entorno ha cobrado una importancia nunca antes vista, el consumo de carburantes fósiles ha comenzado a estancarse. De hecho, por primera vez desde la crisis, el consumo de gasóleo ha descendido respecto al año anterior, un dato que deja bien clara la tendencia que está tomando la industria automovilística.

Pese a que el precio de los carburantes nos parezca elevado -que lo es- España sigue siendo uno de los países de la Unión Europea donde más barato resulta llenar el depósito de nuestro coche, ya que la carga impositiva que soportan los carburantes es una de las menores de Europa. Es por ello que la OCDE ha decidido lanzar una campaña que aboga por una nueva subida en los tipos impositivos para los combustibles fósiles.

Así pues, la OCDE apuesta por una subida prácticamente inmediata de estos impuestos, una subida que incrementaría el precio del litro de combustible en torno a 8 céntimos, y a cambio, reducir la carga impositiva en los tributos sobre el trabajo, es decir, el IRPF y las cotizaciones a la seguridad social, entre otros. ¿Volveremos a ver como los precios de los carburantes ascienden como un cohete?