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Más peligroso de lo que uno piensa

Las graves consecuencias de obviar el elemento de seguridad básico en un autobús

Son muchos los que se sienten más seguros en el interior de un autobús por su tamaño, pero no llevar el cinturón de seguridad puede tener consecuencias fatales.

Peligros de no llevar el cinturón de seguridad en el autobús

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Por norma general, son muchas las personas que se sienten más seguras en vehículos de mayor envergadura. Es por ello que, en medios de transporte como los autobuses, esta sensación se incrementa considerablemente. No obstante, y como cualquier otro vehículo, este está expuesto a sufrir accidentes y, por inverosímil que le pueda parecer a algunos, lo cierto es que las consecuencias pueden ser fatales, sobre todo si obviamos al cinturón de seguridad en los autobuses, elemento que nos puede salvar la vida. VER VÍDEO.

Bien es cierto que existen una serie de normas que atañen a vehículos voluminosos y pesados como pueden serlo los camiones y los autobuses. Estas se encuentran vigentes en un campo legislativo concreto en busca de hacer que su circulación por la carretera sea más segura, pero siempre podemos implementarla si nos abrochamos el cinturón de seguridad obligatorio.

En circunstancias en las que un autobús impacta contra un vehículo de menor tamaño, la energía generada la absorbe, fundamentalmente, el más pequeño. Sin embargo, esta situación no impide que se sufran igualmente daños dentro del autobús, y esta se agrava si la colisión se produjese, por ejemplo, contra un camión.

Si a esto le sumamos que los pasajeros no llevan el cinturón de seguridad, podemos encontrarnos con un escenario devastador. La primera de las consecuencias es que, al no estar retenidos por medio del cinturón, los ocupantes saldrán despedidos a la misma velocidad a la que circulaba el autobús previo al impacto y chocando, consecuentemente, contra elementos del interior o contra otros pasajeros.

Por otra parte, los asientos forman parte de los elementos de seguridad del propio autobús. Esto se debe a que tienen que tener el aguante suficiente para soportar fuertes deceleraciones y actuar como barrera en caso de que el ocupante del asiento posterior salga despedido y así evitar que choque contra otros elementos del autobús.

La situación se puede tornar aún más peligrosa si el autobús vuelca. Aunque bien es cierto que desde el año 1994 estos llevan sistemas antivuelco ideados para evitar que el techo se hunda por medio del despliegue de unos arcos de seguridad, el peligro sigue estando presente si los pasajeros no se abrochan el cinturón de seguridad.

Al contar con un mayor peso y con un centro de gravedad alto, las posibilidades de vuelco están más presentes que un vehículo convencional. Si se diese esta situación y los pasajeros no llevasen el cinturón de seguridad abrochado, podrían colisionar contra elementos del interior o, en el peor de los casos, salir despedidos por las ventanillas.

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