Renting era una palabra que, como tal, le sonaba a poca gente hace apenas un puñado de años. Ésta fórmula de uso del vehículo ha contado, desde siempre, con el beneplácito de sobre todo las grandes empresas, que confiaban en el renting como manera de garantizar la movilidad de sus empleados sin necesidad de aportar grandes cantidades de dinero, minimizando además las preocupaciones.

Sin embargo, en los últimos años hemos asistido al fenómeno de la "democratización" del renting, que se ha convertido en una fórmula a la que los clientes particulares han comenzado a prestar atención, interesándose por una fórmula que, a priori, parece tener muchas ventajas para los usuarios. Recordemos que el fundamento del renting es el de disponer de un vehículo que no es de nuestra propiedad a cambio de una cuota mensual fija en la que se incluyen todos los gastos asociados al uso del vehículo -impuestos, averías, mantenimiento- a excepción del combustible.

El renting tenía, en principio, un enfoque muy claro a usuarios profesionales -autónomos y empresas- pero con el paso del tiempo el interés del cliente particular por esta fórmula ha crecido tanto que, en lo que llevamos de 2018, son 712.488 vehículos los que circulan en nuestro país bajo este régimen, una cifra récord que supone, según datos de la Asociación Española de Renting de Vehículos (AER), superar por primera vez la barrera de las 700.000 unidades.

¿Es el renting una fórmula rentable para el cliente particular? Todo depende de las necesidades y preferencias concretas de cada caso. Si hablamos de un cliente que busca tranquilidad, que busca comodidad y que gusta de conducir siempre un vehículo relativamente nuevo, la fórmula del renting es una gran idea, ya que no existen dolores de cabeza: el vehículo está siempre en perfecto estado de funcionamiento, disponible, bajo el pago de una cuota fija.