El exceso de velocidad sigue siendo, a día de hoy, el caballo de batalla de la DGT, que tiene fijado su objetivo en la reducción de la siniestralidad derivada de esta actitud. Y es que ya no sólo en carretera, sino en entornos urbanos, el exceso de velocidad causa anualmente centenares de víctimas y miles de heridos de mayor o menor gravedad.

Son varias las medidas que se han tomado ya, destacando principalmente la entrada en funcionamiento de un nuevo límite de velocidad en entornos urbanos, descendiendo la velocidad máxima genérica de 50 a 30 km/h. Sin embargo, parece no ser suficiente para el fiscal de sala coordinador de Seguridad Vial de la Fiscalía General del Estado, Bartolomé Vargas, que en unas recientes declaraciones apuesta claramente por el uso aún más extendido de los radares de velocidad en entornos urbanos. VER VÍDEO.

Te puede interesar: Los radares de la DGT son más listos de lo que parecen: no sólo controlan la velocidad

Los radares de velocidad son ya un elemento más de nuestras carreteras. Pese a ser uno de los puntos más 'odiados' por los conductores, al final, y con el paso del tiempo, nos hemos acostumbrado a su presencia, a su expeditiva 'mirada' capaz de determinar a qué velocidad estamos circulando y siendo capaces de 'avisar' a las autoridades: auténticos "chivatos" de la carretera que velan por el cumplimiento de los límites de velocidad...¿únicamente?

Y es que los radares de velocidad de nuestras carreteras no se encargan únicamente de controlar la velocidad a la que circula un coche.