Tener un coche con motor diésel no parece ser motivo de alegría para los españoles, al menos de aquí en adelante. Y es que si a la clara intención de los fabricantes de automóviles de vendernos un coche equipado con sistemas de propulsión eléctricos le añadimos el empeño del Gobierno por decarbonizar el transporte rodado, el resultado final es, cuanto menos, preocupante.

Que se lo digan a los más de 18 millones de conductores que día tras día utilizan su vehículo diésel para desplazarse, y que en los próximos años verán como el coste de uso de sus turismos se incrementa sensiblemente debido a la entrada en vigor del impuesto al diésel, una fórmula recaudatoria de nueva creación que pretende servir como golpe de efecto para los usuarios.

El Gobierno y Podemos han pactado los Presupuestos 2019 que, si bien aún no han salido adelante, muestran el claro interés de las autoridades por imponer la movilidad eléctrica casi a la fuerza.