MÁS MULTAS QUE ANTES CON MÁS CABALLOS EN EL ESTABLO

"Yo controlo": la cultura española de correr demasiado que empeora con los coches nuevos

Las cifras sobre los conductores españoles demuestran que corremos demasiado, y que es más una cuestión cultural que otra cosa.

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multas-de-trafico-en-EuropaCentímetros Cúbicos

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Está más claro que el agua que nos gusta correr más que a un tonto un lápiz, porque la última campaña de la DGT terminó con 68.662 conductores cazados en una sola semana. Si lo piensas, es casi como llenar un estadio de fútbol con gente a la que le pesa el pie en el acelerador. El porcentaje no engaña, y un 6,7% de los coches controlados iba más rápido de lo permitido, un poco más que en la campaña de abril. Sí, nos gusta correr.

Ahora bien, aquí entra la paradoja. Porque aunque por más que se empeñe tu cuñado en Nochebuena, los coches de hoy son infinitamente más seguros que los de hace treinta años. Aquellos utilitarios que apenas pasaban de 50 o 60 caballos han sido sustituidos por familiares de 150 CV de serie y compactos con motores de 1.0 litros que, por obra y gracia del turbo, dan la potencia que en los 90 solo soñaba un deportivo de gama media. El coche moderno corre más, frena mejor y protege mejor con letritas como ABS, ESP, ADAS y demás. La trampa está en que esa seguridad nos hace creer que somos intocables.

La DGT lo sabe, y por eso instala más radares y lanza campañas cada dos por tres con el discurso de que lo hace por nuestra seguridad. A ver, en gran parte es verdad, pero no seamos ingenuos, que con casi 400 millones de euros recaudados al año en multas de velocidad, tampoco parece que les venga mal que seamos tan “alegres” con el acelerador, y además no es nueva la queja habitual de los conductores: que dichos radares suelen ponerse en los tramos más seguros.

La falsa sensación de control cuando la tecnología te engaña

Seguro que alguna vez has pisado de más sin darte cuenta. No es raro, porque la insonorización actual, las suspensiones blandas y las ayudas electrónicas hacen que ir a 140 en autopista sea como ir a 80 en un coche de hace veinte años. Eso tiene nombre y apellidos: efecto Peltzman, o lo que es lo mismo, compensar el riesgo. Si el coche te protege más, inconscientemente arriesgas más.

Aquí es donde entran los ADAS (esos sistemas obligatorios desde 2022 que lo vigilan todo: ángulos muertos, frenada de emergencia, aviso de cambio de carril…). Su función es evitar que te pegues un trompazo, pero, como apuntan varios estudios, algunos conductores se relajan tanto que terminan delegando parte de la conducción en ellos (como en aquel video en que un conductor de Tesla se la pegó por un exceso de fe en Autopilot). El resultado sonmás despistes, más confianza excesiva y, a la larga, más riesgo.

Creemos que el coche puede con todo y que nosotros también, y cuando se junta esa percepción con un parque automovilístico cada vez más potente, el cóctel está servido e incluye más multas, más titulares, y un discurso oficial que insiste en que no hemos aprendido nada, aunque, como decimos, la propia DGT también saca pecho de las campañas de seguridad (aunque lo suyo le renta en caja).

La DGT da inicio a un operativo especial por navidad
La DGT da inicio a un operativo especial por navidad | EFE

La cultura de la velocidad es un tema social y psicológico

Más allá de radares y estadísticas, está el factor humano. En España,más del 50% de los conductores admite circular por encima de los límites de forma habitual, y además, un millón reconoce haber ido a más de 200 km/h alguna vez en carretera. No hablamos solo de imprudentes en casos aislados, porque hay algo cultural detrás, una especie de norma social no escrita que dice que hay que correr más que el de al lado.

Por más que fastidie, hay que asumir que muchos conductores que respetan los límites reciben adelantamientos pegados al paragolpes, ráfagas o insultos. La presión social marca el ritmo, y si no corres un poco más que la media, parece que estorbas. No deja de ser paradójico que el 78% de los conductores asegura que la velocidad provoca accidentes, pero a la vez, un buen porcentaje cree que ellos mismos no son peligrosos por ir rápido. Es el clásico “los demás son los malos conductores, yo controlo”.

Mientras no seamos capaces de reconciliar la tecnología con nuestra propia psicología, la DGT seguirá con su papel de poli malo, nosotros con el de rebeldes del carril izquierdo, y el Tesoro Público con una sonrisa de oreja a oreja. La velocidad en España no solo se paga con vidas. También se paga, y caro, en multas que pueden ser merecidísimas.

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