El uso de mascarillas higiénicas y guantes de seguridad se ha multiplicado exponencialmente desde el inicio de la crisis del Coronavirus que ha desembocado en un estado de alarma que, al menos en nuestro país, se extiende ya más de seis semanas con previsión de seguir vigente al menos durante 14 días más.

Son muchos los cambios a los que hemos tenido que hacer frente durante las últimas semanas para adaptar nuestro día a día a una nueva realidad que nos acompañará durante largo tiempo. Así pues, hemos extremado las medidas de seguridad y de higiene en un intento de frenar la expansión de un virus tan peligroso como el que nos azota, una batalla que, no obstante, estamos empezando a ganar.

El uso de mascarillas, incluso, se ha hecho obligatorio si utilizamos el transporte público, mientras que el de guantes se ha hecho también obligatorio, por ejemplo, en los supermercados. Sin embargo, hay mucha gente que directamente se enfunda los guantes y la mascarilla al salir de casa, aunque sólo vaya a realizar actividades individuales como, por ejemplo, conducir su propio vehículo.

¿Es esta una buena idea? La realidad es que no. Si quieres conocer las razones, dale al play al VÍDEO.

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El coronavirus ha cambiado nuestra forma de ver el mundo. Pero también provocará otro tipo de cambios. Muchas ciudades verán cómo su morfología cambia para favorecer una nueva movilidad una vez pase la fase más crítica de la pandemia.

La dirección que parecen estar tomando muchas grandes urbes del mundo es la de priorizar el traslado a pie y en bicicleta por encima del vehículo privado, dado que el transporte público es una posible fuente de contagios por las aglomeraciones que provoca. En muchas ciudades, las aceras no son lo suficientemente anchas para mantener el espacio mínimo de seguridad, por lo que en varios lugares se aboga por ampliarlas.

En España también han surgido las primeras voces en defensa de este nuevo modelo. La pasada semana, la Red de Ciudades por la Bicicleta (RCxB) proponía una ambicioso propuesta para tratar de fomentar su uso tras el desconfinamiento. Ahora, Barcelona parece haber dado también un paso adelante con un plan que incluye la cesión de 21 kilómetros de carriles a los ciclistas y de otros 12 a peatones.