BERLINAS DEL SIGLO XXI
Coches que prometían cambiarlo todo… y no cambiaron nada
Uno de la década del 2000 y el otro de la del 2010. Ambos con buenas intenciones, pero incomprendidos

Publicidad
Momento de los incomprendidos, los adelantados a su tiempo. Coches que prometían cambiarlo todo, pero, por diferentes factores, no lograron su cometido. En lo que respecta a este siglo, pienso en dos ejemplos claros. Respetemos el orden cronológico y comencemos por el francés.
¿Quién no recuerda el perfil de los Renault Megane de segunda generación y tercera generación? Pues bien, el Renault Vel Satis se las arregló para actuar como una suerte de equilibrio entre ambos: por un lado, el concepto de 1998 que antecedió al modelo de producción influyó en el Megane 2, aplicando en éste los llamativos rasgos de su zaga, mientras que el Vel Satis de producción fueron una inspiración para el Megane 3, donde sus líneas traseras lucieron con algo más de mesura, aunque sin tanto disimulo en el SEAT Toledo también de tercera generación.
Era un modelo prometedor en varios aspectos. Contaba con buenas opciones de motor. Además del cuatro cilindros 2.0 turbo que anunciaba 175 CV, un interesante par cercano a 350 Nm a 1.750 rpm y más de 850 km de autonomía, ofrecía el V6 3.5 de 245 CV y alto consumo, anunciando una media de 11,5 l/100 km.

Renault Vel Satis: Demasiado para su segmento
Era un berlina de cinco puertas amplia y cómoda por dentro. Su notable altura de 1,57 metros aportaba a la causa. En tanto, intentó ser vanguardista por su particular morro en forma triangular y el mencionado diseño disruptivo para la caída del portón trasero.
A pesar de sus buenas intenciones y la aceptación de la crítica especializada de su época, no terminó encajando en el gusto colectivo, fue demasiado para el segmento en el que competía, su precio promedio de 40.000 euros de aquellos años no convenció y sus ventas lejos estuvieron de destacar.
Iniciada la siguiente década, la incipiente movilidad eléctrica empezaba a escribir sus páginas. De la mano de la General Motors, apareció el Opel Ampera, un pionero para los coches híbridos, pero su fórmula no se terminó correspondiendo con la sucesión de hechos.

La innovación del Opel Ampera, el infortunio de ser un adelantado
En los últimos años, los híbridos que utilizan el motor eléctrico como propulsor y el de combustión como generador fueron apareciendo en la escena. El Ampera, que hoy hace uso de su configuración y de su etiqueta 0 en el mercado de los usados, fue uno de los primeros.
Con su batería de 10,4 kWh netos, su eléctrico de 151 CV y su cuatro cilindros 1.4 que alimentaba al motor eléctrico, solucionaba el problema de una autonomía todavía baja en comparación con lo que vino después y de una red de puntos de recarga aún sin despegar.
Tal innovación le valió el Coche del Año de Europa del 2012 y en España gozó de una fugaz demanda por lo que ofrecía en etiqueta ambiental, pero no fue un coche de impacto en el público. El precio, como en el caso del Renault, le jugó en contra y, en el corto plazo, la aparición y hegemonía de los híbridos convencionales y enchufables lo desplazó hasta su retiro.
Publicidad