COCHES DE PELÍCULAS

Los coches que fueron estrellas de cine antes que éxitos de ventas

Dos roadster que conocieron el reconocimiento posteriormente a sus apariciones en largometrajes. Aunque tengan eso en común, son dos casos diferentes.

Ferrari Mondial T

Ferrari Mondial TFerrari

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Coches de pantalla grande. Coches que se apropian del papel protagónico al punto tal de, en ocasiones, ceder su nombre propio al nombre de la película, como el Torino de Clint Eastwood en Gran Torino (2008). Una legión de muscle cars americanos también podemos mencionar. ¿Referentes? Eleonor, el Shelby GT500 de 60 segundos (2000) y el Dodge Charger R/T 1970 de Fast and Furious (2001). De ésta, los que se te ocurran: el Nissan Skyline GT-R de la bendita generación R34 o el Mazda RX-7.

¿Qué tienen en común todos ellos? Que aparecieron en las salas de cine con la etiqueta de leyendas en sus guiones. Al Volkswagen Beetle lo incluimos también. Por su participación en Herbie a tope (2005), pero sobre todo por su aparición original como tal en The love Bug (1963). Para cuando este film se estrenó, el Sedán ya era un modelo consolidado y en México, donde todavía no había comenzado su producción, ya era popular.

La contracara a estos casos son los coches que han dejado su huella en el cine antes de conocer el éxito de ventas. Se me ocurren dos casos diferentes, con matices diferentes e interpretaciones diferentes. Un italiano que encontró el reconocimiento décadas después y un alemán al que se lo posicionó intencionalmente en el séptimo arte para atraer a la demanda... y vaya que lo hizo.

El Ferrari Mondial T Cabriolet: todo a su tiempo

Aunque aportó unas 150 unidades más que su hermano cupé, el Ferrari Mondial T Cabriolet no destacó por un gran volumen de producción durante los cuatro años que duró su ciclo. Unos 1.017 ejemplares, bastante menos que los 4.228 Ferrari 348 TS, con el que compartió período exacto. Por más que haya sido la evolución final del Mondial, el T Cabriolet no fue precisamente el más convincente de los Ferrari, partiendo de su diseño.

Ni siquiera lo querían en la trama. El coche desechado. Cuando en Scent of a Woman (1992), Al Pacino, en su papel del Teniente Coronel Frank Slade, pretende pedir prestado un Testarossa de una concesionaria Ferrari en Nueva York, finalmente acaba conformándose con un T Cabriolet. La escena de su manejo a ciegas por las calles cercanas al Puente de Brooklyn pasó a la posteridad y fue una de las tantas que lo llevó a ganar el Oscar a Mejor Actor y a la película a la nominación.

Hoy, el Ferrari Mondial T Cabriolet goza de su reconocimiento en un nicho bien definido. Por varias decenas de miles de dólares, es un coche que se vende en el mercado de usados al ritmo del que careció cuando salía de la línea de montaje de Maranello.

BMW Z3
BMW Z3 | BMW

El BMW Z3: nada de todo a su tiempo

El coche alemán, también convertible, también obtuvo su éxito después de aparecer en su película, pero su caso es todo lo opuesto. Decir Bond es lo mismo que decir Aston Martin DB5 1964. La entrega de 1995, GoldenEye, no fue la excepción. Pero hubo otra estrella, recién nacida, que necesitó de este largometraje para su boom comercial.

Un impacto inmediato el del BMW Z3 en el mercado apuntado: el de Estados Unidos. Nada de todo a su tiempo. Su misión fue instalarse como un cimbronazo en los conductores norteamericanos para competirle al Mazda Miata. Para eso, el enlace de los directivos de BMW Norteamérica con los productores y el guionista fue clave. La idea era colocar al coche estratégicamente, como parte de la campaña de su lanzamiento.

El Z3 apareció fugazmente, sin sobreexponerse y bajo instrucciones específicas de BMW para que se lo viera en un estado de gracia. Además, fue toda una novedad: por primera vez se lo veía al agente secreto al volante de un coche que no era un Aston Martin. Los pedidos no tardaron en llegar y el roadster fue un éxito de ventas inmediato a la película que lo catapultó a la fama, pero, sobre todo, a convertirse en un modelo de culto.

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