Los radares son uno de los elementos más conocidos de la carretera: todos los conductores conocen su existencia y su efectividad a la hora de "chivar" a las autoridades nuestros excesos de velocidad. En los últimos años, además, su tecnología ha avanzado de manera notable, siendo cada vez más compactos, más precisos y más completos a la hora de determinar nuestro comportamiento al volante.

La DGT ha invertido durante los últimos años una generosa cantidad de dinero para hacerse con radares de todo tipo: desde móviles hasta de tramo, pasando por cámaras de control del uso de cinturón de seguridad o los populares Pegasus, los helicópteros equipados con cámaras de alta definición capaces de detectar todo tipo de infracciones al volante a grandes distancias.

La Dirección General de Tráfico está inmersa en un proceso de renovación de la ley de tráfico que traerá consigo cambios en, por ejemplo, la gravedad de algunas infracciones. VER VÍDEO DE ARRIBA.

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Las carreteras convencionales siempre han sido uno de los puntos clave de la estrategia de control de tráfico de la DGT: según las estadísticas, en este tipo de vías se producen la mayoría de accidentes de circulación, representando el 70% de los fallecimientos totales en accidentes de tráfico. Pese a que la incidencia del coronavirus ha provocado un brusco descenso de la siniestralidad, la DGT quiere contener las cifras de accidentes.

Para ello, pondrá especial empeño en el control de las carreteras convencionales.Y es que según los datos que maneja la DGT, el 40% de los accidentes de tráfico se dan por salidas de vía, producidas en su mayoría a consecuencia de un exceso de velocidad. La DGT, con Pere navarro a su cabeza, ya ha afirmado que comenzarán a controlar en mayor medida el comportamiento de los conductores en este tipo de vías.