No fue ni la edición más competida, ni la que tuvo un final más feliz. El fallecimiento de Carlin Dunne, piloto oficial de Ducati North America, marcaría por completo la 97ª edición de la Subida Internacional en la que la ausencia de un proyecto con opciones de récord perjudicó seriamente las opciones de tener un año competido y mediático. Los principales focos de atención se centraron entonces en conocer el ganador absoluto y en ser testigos de las posibles plusmasrcas por categoría que se pudieran llevar a cabo.

Mientras que en motos el registro llegó a los 9 minutos y 44 segundos, con Rennie Scaysbrook al manillar de la Aprilia Tuono V4 1000, mientras que Robin Shutte se convirtió en el primer británico en toda la historia de Pikes Peak de llevarse el triunfo en la icónica subida de Colorado Springs. Los ojos se centraban entonces entre los inscritos dentro de la categoría de Exhibition, en la que Rhys Millen lucía por segundo año consecutivo los colores oficiales de Bentley.

 

El fabricante británico quería celebrar su 100º aniversario consiguiendo batir el récord para vehículos de producción. Si en 2018 ya fue su Bentayga el que mostró sus capacidades en la subida coronándose como el SUV más rápido que ha ascendido Pikes Peak, este año el elegido era el Continental GT, el cual fue llevado al límite por el neozelandés en una ascensión para la que el Gran Turismo apenas recibiría modificaciones más allá de los habituales requisitos de seguridad y la retirada de aquellos elementos prescindibles para la competición.

Hijo de Rod Millen, el piloto kiwi es un reconocido especialista de cine y todo un veterano de la subida, por lo que Bentley apostó a lo seguro con el fin de situar en lo más alto de la tabla al Continental GT. Finalmente se superaría el anterior récord para los vehículos de producción en 8,4 segundos, conseguido en este caso por David Donner con un Porsche 911 Turbo S, estableciendo un deslumbrante tiempo de 10 minutos y 18,488 segundos.