El futuro de la movilidad personal tiene por delante un futuro incierto. Vivimos momentos de incertidumbre y tanto la industria como la sociedad tiene que enfrentarse a dilemas con los que hasta ahora nunca ha tenido que lidiar. Sin embargo, pese a que algunas administraciones -como la española- han decidido abordar el tema con soluciones cuanto menos drásticas, no está tan claro que las prohibiciones vayan a ser la tónica dominante en las próximas décadas.

¿A qué nos estamos refiriendo? Hablamos de medidas como la que ha tomado el gobierno de las Islas Baleares, que anunció hace ya varios meses que a partir de 2025 dejarían de venderse coches diésel en las islas, medida que se extendería a los motores gasolina nuevos a partir del año 2030, o la medida anunciada por el gobierno de Pedro Sánchez, con prohibiciones para la venta de coches de combustión a partir de 2030.

No todo parece ser tan fácil como lo pintan: Elzbieta Bienkowska, comisaria europea de Industria y Mercado Interior, ha comunicado en los últimos días que una prohibición completa y total de la venta de vehículos diésel y gasolina no solo es muy difícil a día de hoy, sino que no se puede llevar a cabo con la ley en la mano, destacando su 'incompatibilidad' con la legislación europea actual.

Son varios los países que han apostado por este tipo de medidas en los años venideros, no sólo España: Francia, Reino Unido, Holanda e Irlanda también han presentado planes similares que podrían tener consecuencias muy notables para la industria automovilística europea, una industria que, en palabras de Bienkowska, está aún demasiado 'rezagada' en la carrera de la descarbonización del transporte rodado.