EVITA COMETER ERRORES INNECESARIOS

No apagues el motor al aparcar tras hacer carretera con tu coche

Nuestros coches son máquinas muy complejas y precisas, y con algún sencillo gesto ayudamos a aumentar sustancialmente su vida útil.

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Nuestros coches son máquinas muy complejas, formadas por miles y miles de piezas, diseñadas para trabajar en armonía entre sí y asegurar (en la medida de lo posible) un desplazamiento cómodo, agradable, rápido y seguro. En los últimos años las mecánicas de nuestros coches han evolucionado de manera palpable, y en la actualidad contamos con los propulsores más eficientes y a la vez más potentes de toda la historia del motor de combustión.

Sin embargo, pese a que la evolución como decimos es más que evidente, lo cierto es que algunos gestos a cargo del conductor del vehículo pueden ser determinantes a la hora de acortar o alargar la vida útil de ciertos elementos que, cabe recordar, pueden ser muy caros de reparar o sustituir. Es el caso de los turbocompresores, pequeñas turbinas que se encargan de aumentar la potencia y mejorar la respuesta del motor cada vez que pisamos el acelerador.

Los turbos son elementos muy interesantes desde el punto de vista de la potencia y el rendimiento, pero también son elementos ciertamente delicados que merecen dedicarles un mínimo de atención. Estas pequeñas turbinas alcanzan velocidades de giro en el entorno de las 100.000 revoluciones (entre 20 y 25 veces el régimen máximo de un motor de combustión convencional), con unas temperaturas de varios cientos de grados al ser los encargados de impulsar los gases de escape recién expulsados de los cilindros.

No apagues tu coche en cuanto aparques si has hecho carretera

Por eso, uno de los consejos más útiles que puedes seguir es el hecho de cuidar el turbo de tu coche, un consejo que, a la postre, es fácil de seguir. La clave: saber cuándo podemos apagar el motor y cuándo podemos iniciar la marcha cada vez que nos pongamos al volante de nuestro coche. Por eso, es recomendable que sigas estas dos medidas:

  • A la hora de arrancar: si es el primer arranque del día (especialmente si vives en zonas frías) puedes sentarte en el coche y arrancar el motor inicialmente para posteriormente acomodarte, vaciar tus bolsillos, ajustarte el cinturón de seguridad e iniciar finalmente la marcha. Se trata de unos pocos segundos que, por otro lado, son vitales para asegurar que el turbo ha recibido ya suficiente lubricación de la bomba de aceite para poder comenzar a funcionar sin ningún contratiempo.
  • A la hora de terminar un desplazamiento: si has hecho desplazamientos cortos a baja velocidad puedes estacionar y marcharte sin mayor inconveniente, pero si has hecho un viaje largo con el coche y quieres terminarlo, te recomendamos que realices la operación inversa a la descrita a la hora de arrancar, estacionando el vehículo, desabrochándote el cinturón de seguridad, recogiendo tus pertenencias y ya, finalmente, apagando el motor. Esos segundos de espera sirven para que el turbo, tras trabajar de manera constante a gran temperatura y velocidad, pueda refrigerarse correctamente.

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