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Agresividad al volante: estos son los motivos por los que perdemos los nervios conduciendo

Agresividad al volante: estos son los motivos por los que perdemos los nervios conduciendo

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No sabemos qué tiene el coche que hasta las personas más pacíficas son capaces de volverse locas cuando detectan una irregularidad en los que llevan delante, detrás o al lado. La principal razón por la que nos alteramos, según los expertos, es el .

Durante la conducción se activan unos mecanismos psicofisiológicos que nos mantienen alerta para reaccionar con rapidez ante cualquier imprevisto y ese estado de alerta puede contribuir a que sea más fácil pasar al enfado cuando algo nos molesta. Ésto ocurre porque nos encontramos dentro de nuestro propio coche, un espacio cerrado y personal que nos sirve de refugio frente a posibles ataques externos y donde nos sentimos tan como en casa que cualquier cosa que nos moleste lo consideraremos una amenaza.

Entre los aspectos que pueden causar la agresividad la están:

-No poner el intermitente: ver a la gente pasearse por las calles o carriles sin indicar para donde van cuando de su dirección depende nuestra actuación tiende a sacar a los conductores de sus casillas.

-Cuando un coche hace zigzag: hay quien conduce con mucha prisa y se cuela en cada hueco que ve libre para adelantar unos pocos metros, lo que suele perturbar al resto de conductores que mantienen su carril y tendrán que frenar cuando los imprudentes se quieran incorporar al suyo.

-El que deslumbra: bien por el espejo retrovisor o bien en carreteras de doble sentido conducir con las largas puestas puede ser motivo más que suficiente para alterar la tranquilidad de un conductor que puede verse deslumbrado.

-No respetar la distancia de seguridad: aparte de ser motivo de lo es de frustración, y si no, ¿cuántas veces has dejado distancia con el coche de delante y se te ha colado uno entre los dos?

-Cuando circulan muy por debajo de la velocidad permitida: los límites de velocidad están para cumplirlos, por arriba y por abajo, por eso conducir a una velocidad muy baja puede alterar también el humor de los conductores. Sobre todo si esa práctica se produce porque el conductor en cuestión está dedicándose a otra actividad mientras se desplaza, como manejar el teléfono móvil, la radio, etc.

-No respetar el carril en las rotondas: puede parecer que en las todo vale teniendo en cuenta cómo circulan por ellas muchos conductores, pero lo correcto sería abandonar la rotonda por el mismo carril por el que se entra en ella y cambiar al carril izquierdo solo para adelantar.

-Adueñarse de un carril: los coches que permanecen en el carril de la izquierda kilómetros y kilómetros y kilómetros son motivo de cabreo de muchos conductores que se tienen que quedar detrás de ellos sin poder adelantar, causando las consiguientes caravanas. Con todos estos motivos es normal que hasta la persona más tranquila del mundo pierda los nervios por un momento.

Para sobrellevarlo, los principales consejos a la hora de controlarse al son: hacerse a la idea de que la carrera no está reservada en exclusiva para que circulemos nosotros, que podemos encontrar atascos a determinadas horas del día, que no es lugar para dar rienda suelta a nuestras frustraciones, pues está en juego nuestra vida y la de los demás. Tampoco está de más imaginar cómo se nos vería desde fuera en esos momentos en los que nos ponemos como un basilisco, en los que cualquiera es capaz de darse a sí mismo un poco de vergüenza.

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