Mario Andretti es el único campeón del mundo de Fórmula 1 en ganar la mítica Daytona 500, cita estrella de la NASCAR.

Mario Andretti es el único campeón del mundo de Fórmula 1 en ganar la mítica Daytona 500, cita estrella de la NASCAR.

Sabotajes internos y el futuro campeón de F1: Mario Andretti y la Daytona 500 de 1967

La victoria de Mario Andretti en las 500 millas de Daytona de 1967 le valió un sitio en la historia… muy a pesar de su propio equipo.

Álex García | Madrid | 11/02/2019

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Mario Andretti es el único campeón del mundo de Fórmula 1 en ganar la mítica Daytona 500
Mario Andretti es el único campeón del mundo de Fórmula 1 en ganar la mítica Daytona 500 | motor.atresmedia.com

A lo largo de la historia, solo un piloto ha conseguido ganar las 500 millas de Daytona y el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. Se trata también de un hombre capaz de ganar las 500 millas de Indianápolis. Se trata de Mario Andretti, el único piloto nacido fuera de Estados Unidos en vencer la Daytona 500, un hito que logró en 1967, unos meses antes de debutar en la categoría reina. Además, en su caso el concepto de ‘contra pronóstico’ se cumple a la perfección, yendo en contra de los designios de su equipo, que incluso intentó sabotearle la carrera.

Andretti se había nacionalizado como estadounidense tres años antes y a sus 26 años llegaba a la Daytona 500 por segunda vez en su vida, ahora como bicampeón en título del USAC norteamericano (actual IndyCar) y con una experiencia en los coches de las Grand National Series muy limitada. Su temporada 1967 comenzó con un noveno puesto en Riverside (circuito rutero) y un sexto en la carrera de clasificación para la Daytona 500. En ambos casos competía para el equipo Holman Moody, estructura oficial de Ford que contaba con todos los medios necesarios para ganar

Su primera experiencia con la escuadra habría sido en Le Mans el año anterior, en el programa de Ford y el mismo equipo de Holman Moody. Pero para muchos, Andretti seguía siendo un extranjero al que no había que dar ni agua. Así pensaba entre otros su nuevo compañero en esta aventura, Fred Lorenzen. Como la punta de lanza de Ford tras la victoria de 1965, era uno de los favoritos para la victoria y esperaba mantener ese estatus dentro de su propio equipo. La trigésimo séptima posición de Andretti con un motor roto el año anterior no ayudaba. Un veterano y favorito, al lado de un ‘don nadie’.

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En los entrenamientos libres empezaron a llegar los problemas y a pesar de contar con el apoyo de John Holman, uno de los copropietarios del equipo, otras secciones del equipo se aseguraron de darle a Lorenzen los mejores motores. Con un motor con 400 revoluciones por minutos menos, tuvo que clasificarse sin ayuda de prácticamente nadie. Pero si de algo sabía Andretti, era de soluciones fáciles para problemas difíciles. Sacrificar estabilidad para recuperar algo de velocidad fue el camino elegido por el italoamericano, que así logró la duodécima posición en parrilla.

Pero había otro problema y es que según las normativas de la NASCAR, había que correr con el coche reglado tal y como había clasificado. Y la estabilidad que podía sacrificarse para clasificar era una pesadilla para dar 200 vueltas al óvalo de Daytona. Mientras tanto, Lorenzen era cuarto en parrilla. Armado con su buen resultado, Andretti fue a presionar a la gente de Ford tras la clasificación para pedir un motor más potente, como el que le correspondía. Los motores sí podían cambiarse... y el del número 11 se cambió.

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Con el reglaje usado en clasificación, el nuevo motor convirtió el coche en un potro salvaje. El propio piloto reconoció que sobre todo lo pasaba mal en tráfico pero el comportamiento 'neutral' del coche en solitario le ayudó. A pesar del peor motor, el buen trabajo de los mecánicos se notó en el comportamiento de una auténtica bala de carreras. Las imágenes de la carrera son para el recuerdo. Las ruedas traseras patinando (¡en un óvalo!) y sacando humo blanco. Su experiencia en los óvalos de tierra valió aquel día su peso en oro. El control del piloto de Ford fue excelente y su velocidad punta le sirvió para sacar más ventaja que nadie en recta.

Tras liderar la mayor parte de la carrera en una prueba que había visto a Andretti y Lorenzen pelear por la primera posición prácticamente todo el tiempo, en la última parada llegó el último sabotaje. El equipo Holman Moody mantuvo a Andretti con el coche levantado para darle una ventaja a Lorenzen... pero ni ello fue suficiente. El enfado de Andretti era tangible y su pilotaje fue excelente, alcanzando a su rival, aprovechando un doblado para superarle y escapándose hasta tener 22 segundos de ventaja cuando salió la última bandera amarilla a pocas vueltas del final.

La victoria de Mario Andretti pasó a la historia... pero en el momento no fue especialmente popular. Incluso Ford quería que ganase Lorenzen, puesto que para Andretti era solo una presencia como piloto invitado. Además, la región de Florida, al sur de los Estados Unidos, no celebró en exceso que un extranjero ganara la carrera, incluso si se había naturalizado algunos años antes. Una de las primeras grandes victorias del ‘héroe de los dos mundos’. Contra pronóstico. Contra su propio equipo. Contra todos.

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