Mucho ha cambiado la carrera deportiva de Mick Schumacher durante las tres últimas temporadas. El germano tuvo lo más parecido a un punto de inflexión en el Gran Premio de Bélgica de 2017. Allí, al volante de uno de los monoplazas Benetton que pilotó su padre, Michael Schumacher, el joven piloto alemán realizó una emocionante exhibición delante de todo el paddock de la Fórmula 1 y de los aficionados belgas que vieron debutar al káiser un cuarto de siglo atrás en la misma pista de las Ardenas.

Desde ese momento su carrera se catapultó, consiguiendo un año después su primera victoria en la Fórmula 3 europea precisamente en Spa-Francorchamps, a lo que se sumaría el título continental a final de año, siguiendo una vez más los pasos del heptacampeón de Fórmula 1. Pasó por una prueba en el Mercedes AMG C63 DTM tal y como también hiciera Michael, fue el piloto elegido por Alfa Romeo Racing y la Scuderia Ferrari para rodar en Bahréin y su llegada a Fórmula 2 parecía el paso perfecto para situarse en la antesala del Gran Circo.

Mick Schumacher test F8 Tributo | Ferrari

Ahora, además de miembro de la Ferrari Drivers Academy, Mick ya ejerce como imagen de la marca italiana. El teutón ha asegurado que si llega la oportunidad estará preparado para sentarse en un Fórmula 1 cuanto antes, aunque su actual posición, a falta de la última cita de la Fórmula 2 en el Circuito de Yas Marina no le da opción a tener los puntos necesarios para obtener la superlicencia.

Aprovechando el parón competitivo hasta noviembre, Mick fue invitado al Circuito de Fiorano propiedad de Ferrari para que pudiera probar uno de los últimos lanzamientos de los de Maranello, el Ferrari F8 Tributo. De esta forma, uno de los integrantes de la nueva generación de la saga Schumacher (su primo David Schumacher también está dando sus pasos en F3) probaba el motor 3.9 V8 Twin-Turbo de 720 CV a 8.000 rpm y 770 Nm a 3.250 rpm en un trazado que conocía desde que era un niño, cuando veía a su padre, Michael, rodando durante el invierno con el monoplaza rojo.